31 ago. 2011

Fragmentos luminosos LXXIII


Banales palabras

¿A veces no sienten la sensación de que están cansados de escuchar discursos egocéntricos? A mí me sucede a menudo cuando me enfrento a personas que sólo hablan de sí mismas y de sus problemas. En el fondo me parecen todos ellos nimios. Llámenme sociópata, pero fíjense que en los países desarrollados las personas que suelen quejarse son las que tienen gran parte de su vida resuelta. Y aquello que no tienen resuelto es porque eligen no tenerlo resuelto -bendita libertad-.
Siempre pensé que tales personas podrían enfrentarse a dos hechos fundamentales: 

1. El primero, irse a vivir un tiempo a un país realmente pobre, donde las posibilidades sean mínimas, y donde cada momento de supervivencia sea realmente un regalo. Así pueden vivir su presente lleno de presentes con más felicidad. Ni siquiera una enfermedad se vive con tal entidad trágica mientras se pueda seguir sobreviviendo.

2. El segundo, tener un hijo, lo que permite al ser humano vivir para otro con la mayor de las generosidades posibles. No hay nada más entregado que entregar el tiempo a otro ser, sin que esto se convierta en una tragedia. Un hijo permite abrirse al mundo de una forma inocente, porque nada más que el cuidado llega a tener trascendente.

Así pues, cuando llegan a mis oídos tales quejidos, no puedo evitar desconectar los tímpanos, porque no me parecen más que un insulto a la Humanidad en toda su entidad.

Fragmentos luminosos LXXII



 Minerva

Ahí vives. Como bella medalla de luna en rostro. No olvidas el perfume de los brazos. Cuando la fuerza te arrulla de pasión. Recuerdas óseamente un latido. Porque creciste siendo mariposa azul. 
Un día te explicaste que aquéllos que no aman a un bebé por encima de sí mismos, no son capaces de ningún amor.

27 ago. 2011

Erizo en la niebla


Un corto entrañable que, a través de la ternura, reflexiona filosóficamente sobre la forma de interpretar la vida. Dirigido por Yuriy Norshteyn en 1975.

25 ago. 2011

Fragmentos luminosos LXXI


Animales humanos

En ocasiones, al enfrentarnos a la tarea de comprensión de los comportamientos del ser humano, olvidamos su base natural. Es más, dejamos de lado la herencia genética que podemos tener otras especies de las que hemos evolucionado -y no me refiero solamente a los macacos-. 
Así pues, podríamos dedicarnos a realizar un estudio comparativo -que no de literatura comparada- de los parangones entre el mundo animal y el mundo humano.
Por ejemplo, hay seres humanos de comportamiento al estilo perro, es decir, fieles, leales y nunca satisfechos de requerimientos.
Otros son como los gatos, independientes, falsamente dominantes y autosuficientes.
También podríamos hablar del macaco que rasca con su mano cualquier parte de su cuerpo en público.
O las mantis religiosas, amantes por naturaleza de lo prohibido y represoras a un tiempo. Con ellas uno acaba muriendo.
Quizás el prototipo araña, con los que uno al descuidarse queda pegado en sus redes. 
O las hormigas, trabajadoras, sacrificadas por el grupo y completamente integradas socialmente, tanto como para no criticar el sistema.
El camaleón humano cambia de discurso y de ideas dependiendo del color del ambiente en el que se encuentre.
O la lagartija huidiza e inquieta que acaba perdiendo partes de su propio cuerpo ante el miedo.
El ser humano ave migratoria, acaba por echar alas refugiándose en el lugar más cálido. El ser humano lemming, si se descuida se autodestruye. La horca asesina, que mata no por hambre, sino por diversión. O el ser humano ballena, que es capaz de dar a una melodía de apareamiento un estilo  personal que pone de moda y acaba por ser tarareada por el resto de ballenas del área.
También tenemos el ser humano elefanta, que ante el peligro rodea a la cría para protegerla. O el ratón, que en todo lugar tiene que meter el diente. El ser humano mosquito acaba por chuparte la sangre. Y el ser humano mariposa en un principio parece gris y feo, pero acaba con el tiempo por convertirse en una gran belleza.

Así podríamos continuar. ¿Ustedes tienen alguna idea más?

20 ago. 2011

Fragmentos luminosos LXX

 
Poesía

Raíz sin rémoras. Recuerdos-rutina realizados. Reanimar. Reincidir. Riegos-refuerzo-corazón. Es la revolución el riesgo sin rima. Sin rodaje ni ruido, no hay poesía.

13 ago. 2011

Fragmentos luminosos LXIX



 El Parque Lineal

Bajo los pasos verdes, rama y polvo. Vibran los cantos rodados de Rolling Stones. Ahí volcaron veloces antiguas máquinas ferroviarias. Atravesaban el tiempo de ciudad incipiente. Sobre las vias, flor de azabache. Caminan biografías sobre otras biografías. El espacio-sedimento nunca acota el olvido.

10 ago. 2011

9 ago. 2011

Fragmentos luminosos LXVIII


¿Percibes tú o tus congéneres?

¿Nunca se han preguntado por qué cuando algo les huele mal -en sentido literal de la percepción-, les huele mal? O ¿por qué el agua de colonia Nenuco a casi todas las personas que les rodean les huele bien? ¿O por qué la música vietnamita nos resulta tan extraña al oído, mientras el pop no? ¿O quizás por qué les gustan los macarrones, pero con dificultad sacan un buen sabor a un saltamontes frito? ¿O por qué unos calzoncillos asomando por encima del pantalón de sus alumnos puede resultarles normal a la vista, mientras que un burka no? O incluso ¿por qué se dejan tocar más por sus congéneres que los habitantes de Japón?

Pueden ya saber por dónde voy. ¿Percibir con los órganos de los sentidos es un acto natural o cultural? Los mamíferos también utilizan los órganos de los sentidos para comprender el mundo. Es el perfume de las hormonas el que lleva a un macho hacia la hembra, es el sonido que emite una cría de león lo que lleva a ser reconocida por su madre, es el contacto físico en los monos babuínos lo que lleva a reconocerse como perteneciente al grupo. Y así podrían buscarse un sinfín de ejemplos. 
Ahora bien, si la percepción fuese un acto totalmente natural, el saltamontes frito, en tanto que alimento, sería de agrado a toda la población humana del planeta. O el tono de voz de un coreano saludándonos, incluso sin entenderlo, nos haría acercarnos a él, por sernos familiar de acogimiento al grupo. O el perfume de las axilas que nosotros consideramos maloliente no pasaría desapercibido al olfato de un habitante de Togo, ni nosotros podríamos imaginar que un buen perfume corporal pueda ser considerado maloliente para un japonés. O tampoco nos molestaría que alguien nos tocase en exceso si fuese naturalmente una prueba de reconocimiento y pertenencia al grupo. Ni les resultaría escandaloso  a la vista ver a la gente pasear desnuda por la calle.

Y es que la percepción comprende, según las nociones básicas de la psicología humana, dos actos: la sensación y la propia percepción.
La sensación es la estimulación que recibe el órgano del sentido de un estímulo externo. Y esa sensación es la que se transmite a través de los nervios al cerebro. Por ejemplo, la luz del sol que ven mis ojos es una sensación.

8 ago. 2011

RebELLEs


Para aquéllas que seáis Rebeldes contra el sistema, especialmente contra el sistema imperante de patriarcado, os invito a participar en esta interesantísima organización feminista. A mí me agrada particularmente: http://www.rebelles.org/

7 ago. 2011

Fragmentos luminosos LXVII



Condenar la imaginación es condenar la libertad

La imaginación es esa parte del conocimiento que se dedica a crear lo que no existe en base a cosas que existen. Es la imaginación la que puede visualizar un ser con cuerpo de humano y patas de toro, o un ser con cuerpo de mujer y cola de sirena.La imaginación, tal como nos es explicado en la cultura popular, se concibe como algo que está  presente en las edades infantiles, y que va desapareciendo en las edades adultas. Es más, sería propio de un niño tener imaginación y de un adulto no tenerla. 
Pero la imaginación no creo que sea algo que se pierda. Todo ser humano utiliza la imaginación para reinventar su vida cada día, para buscar formas de comunicarse con el otro, o para gestionar cada situación de la forma más acorde a sus ideas. Es más, podríamos preguntarnos ¿acaso podríamos decir que la supervivencia del ser humano sería posible sin tal facultad del conocimiento? ¿No sería la imaginación una de esas facultades definitorias de la inteligencia humana? Me pregunto si el ser humano hubiera podido inventar la lanza sin imaginación -es decir, proyectar un objeto inexistente en base a la manipulación de objetos existentes-, o el refugio para no vivir a la intemperie, por ejemplo.
Así pues, ¿qué sucede cuando la mayor parte de las personas adultas aluden a que carecen de imaginación o acusan cierto exceso de imaginación en otros seres humanos adultos?
Desde mi punto de vista, lo que están haciendo es ocultarla, o reprimirla en lo posible. Se trata básicamente de una cuestión cultural -sobre todo porque en otras culturas el uso de la imaginación ha sido exaltado, por ejemplo en la cultura de los espíritus o Yokai japoneses-. Piensen que en la tradición de nuestra cultura la imaginación se ha venido asociando con la posibilidad de creación de seres aterradores, los cuales tan sólo las mentes insanas podían albergar en sí.  Los tratados medievales sobre la existencia de lo monstruoso, o la clasificación médica de la monstruosidad natural del siglo XVIII daban buena cuenta de ello. De hecho, uno de los problemas que más preocupaba a los médicos de la Ilustración era la imaginación maternal durante el embarazo. El hecho, por ejemplo, de que una madre imaginase tener relaciones sexuales con otro hombre que no fuese su marido mientras estaba embarazada, se concebía que podía dar lugar a nacimientos de hijos con piernas de carnero o con otras deformidades. Algo así como que la imaginación se traspasaba a la genética del feto.
La imaginación, por tanto, se ha considerado una fuente de peligo para la cultura cristiano-católica. ¿Por qué?, cabe preguntarse. 
Según mi entender, la única cuestión por la que la imaginación puede considerarse peligrosa para una cultura de la represión, el control y el autoritarismo es porque tan sólo ella puede hacer uso de la creación e invención de nuevas formas de vida que pueden poner en cuestión la cultura imperante. Es desde la imaginación, basada en la curiosidad, que sucede la pregunta -podría incluso decirse que la filosofía nace de la imaginación-. Y la pregunta es el origen del cuestionamiento, y de la liberación. La imaginación está enraizada en la libertad. Es la facultad libre del conocimiento, porque crea sin patrones ni normas.
Por tanto, un buen criterio para conocer una persona en una parte de su esencia es el concepto que manifiesta sobre la imaginación. Si se autoconcibe como carente de tal facultad, y juzga a los congéneres que la manifiestan, será con cierta probabilidad una persona represiva, reprimida y con ciertas dificultades para dejarse llevar y hacer uso de su libertad.
 

5 ago. 2011

Fragmentos luminosos LXVI


Mujer sombra

A veces apareces. Apareces oscura en las tres calles del piélago manchego. Allí llegan tus aullidos de loba herida. Sin embargo, en esas tres calles fuimos felices. Sólo el tiempo del camino inexacto supo precipitar la tragedia. 
Por fortuna quedaste en la biografía suspendida cual pretérito perfecto simple.

3 ago. 2011

Historias para Minerva XI


Las Ranas Hiparras

Érase una vez en Almería, allá cuando estaba cubierta por una gran charca, que vivía la raza de las Ranas Hiparras. Las Ranas Hiparras así se llamaban porque tenían una manera de croar única: hacían el ruido del hipo mientras hinchaban sus grandes mofletes poniendo la mueca de un morrito gordito.
Almería era una tierra húmeda, donde cada rana tenía en toda su vida 57 millones y medio de hijos. Los hijos de las Ranas Hiparras eran renacuajitos chiquititos chiquititos que ya hacían sus pequeños hipitos, y luego se transformaban en las Ranas de grandes mofletes.
Un día vino un calor muy grande muy grande, y con tanto calor se evaporó el agua. Y se hicieron unas nubes muy grandes y blancas llenas de agua. Y un paisano se acercó a la charca, ya más pequeña, y contó los renacuajitos. -¡Zeñó, pero zi noz faltan 57 millonez y medio de renacuajitoz!
Sí, ya no estaban porque se fueron con el agua evaporada a las nubes grandes y blancas llenas de agua. Cuando, de repente, vino un enorme viento, y las nubes viajaron y viajaron a 300 km/h. hasta llegar a la ciudad de Albacete.
Allí vivía Minerva la bebita. Minerva la bebita estaba durmiendo tranquilita en su Maxi Cosi, alias huevo supersónico, con el cual, cuando se ponía su chupete de astronauta, pilotaba hasta el espacio sideral. Y de repente comenzó a tronar. Minerva, asustada, se puso a llorar y se escondió debajo del huevito. -"¡Oh, no! ¡Ha llegado el fin del mundo! -dijo-. Pero si yo sólo llevaba aquí cinco días y estaba de maravilla comiendo y cagando a mis anchas..."
Salió despacito de debajo del huevo supersónico, y se asomó tímida a la ventana. Y allí estaba, la gran tormenta, pero... "¿Qué es todo eso?"-pensó. ¡Sí!, ¡había llegado la lluvia de 57 millones y medio de Ranas Hiparras a Albacete! Y todo el suelo estaba lleno de ranas haciendo su hipo con grandes mofletitos mientras saltaban con sus ancas. 
Así, salieron todos los vecinos a ver a la nueva especie de ranas que había llegado a instalarse a Albacete. Y Minerva, con el ceño fruncido y un poco cara de Tofu, dijo -"¿Por qué no me hacen caso las personas desde que han llegado todas estas ranas?". Y seguidamente tuvo una brillante idea: "Iré a conocer a la Ilustrísima Dona Rana Hiparra Mayor para que me enseñe los dotes que llevan a hacer tales hipos".
Así, se subió a su huevo supersónico y en una milésima de segundo llegó al centro de la sartén de la Feria, donde tenía el trono la Ilustrísima Doña Rana Hiparra Mayor. 
-"Quisiera pedir audiencia con la Ilustrísima Doña Rana Hiparra Mayor" -dijo.
-"Siéntese en la silla frente al trono de nuestra reina" -le contestó una rana bastante burguesa.
Y así lo hizo, se dirigió hacia la silla, puso sus patitas colocadas para la conversación y dijo.
-"Ilustrísima Doña Rana Hiparra Mayor, he venido para que usted me haga de maestra en las artes del hipo de Almería".
Se hizo el silencio. La Rana Hiparra Mayor, con su dedo entremetido en la boca estaba pensando. Al cabo de unos minutos dijo: -"Nunca antes un humano había solicitado tales requerimientos propios de nuestra raza. Es usted muy valiente, Minerva, pero aprender a hipar no es una tarea fácil. Deberá quedarse conmigo unos meses en los que haremos ejercicios de concentración hasta que sepa ascender al Nirvana, allá donde se encuentra la receta del hipo". 
-"¿Tanto tiempo? -pensó Minerva la bebita. Y es que, ¡ay!, a ella no le gustaba nada nada esperar. Quería todo ya. 
Pero, mira, así es la vida, así que Minerva se quedó con la Rana Hiparra Mayor durante todo ese tiempo. Nadie sabe qué ejercicios de concentración hicieron -todo fue un secreto de sumario que ni el juez de la audiencia nacional podía desvelar-.
Todos los vecinos de Albacete esperaban inquietos. ¿Lo conseguirá? ¿No lo conseguirá? Tanto que hacían apuestas en los bares mientras jugaban al dominó. 
Y así fue, ahí llegó el día, Minerva la bebita, montada en su huevo supersónico, salió de la sartén de la Feria. Una cámara de video de la televisión de Albacete se acercó a ella... No tan sigilosamente. Ella se hacía la interesante, se ponía una mano sobre la cara para que no la viesen, daba unos pataleos, remoloneaba de múltiples formas hasta que.... ¡Ya llegó! HIP HIP HIP Minerva hipaba como la raza de Ranas Hiparras inflando los mofletitos y poniendo su morrito.
¡Bien! ¡Bien! Todo Albacete aclamó a Minerva. Y ella miraba de reojo orgullosa. -"¡Por fin vuelvo a estar en el centro del noticiario local! ¡Yuuuupiiiii!".



Fragmentos luminosos LXV


Precipitar la esencia

"Lo esencial es invisible a los ojos", decía Saint-Exupérie en boca de El Principito. Y es que en un mundo de máscaras sociales, efectivamente, lo esencial es invisible a los ojos.
El ser humano, que por su naturaleza no está dotado de especiales rasgos que lo hagan distinguirse de la masa -ni plumas de diferentes colores, ni cuernos, ni cantos con melodías, etc,- construye de manera social-cultural una máscara con diferentes aspectos con los que se presenta ante el resto de seres humanos.
De entre estos enmascaramientos podríamos hablar de aquéllos que tienen que ver con la modificación del estado físico natural -maquillaje, perfumes, cortes de pelo diversos, vestimentas, y fetichización de todo lo que con la modificación del estado físico natural conlleva-.
Pero también podríamos hablar de los enmascaramientos conductuales. Como por ejemplo seguir los parámetros de lo normalizado o aceptado socialmente, pasar disimulado entre la masa o buscar formas de llamar la atención y destacar entre la masa.
Sean cuales sean los enmascaramientos físicos o conductuales, ambos son formas de ocultar la esencia de cada ser humano. Y es posible preguntarse, ¿por qué necesita el ser humano enmascarar su esencia? Sobre esto aludirán a múltiples teorías psicológicas. Una de ellas, que traeré a colación aquí, porque es rechazable desde mi punto de vista, es la que menta que el ser humano enmascara porque tiene algo que ocultar, y normalmente lo que se oculta no es lo positivo. Esta teoría, basada de nuevo en el arraigo católico cultural, parte de la base de que el ser humano en su esencia es perverso, negativo, no grato. Pero este punto de partida es un a priori que condiciona la teoría entera, es decir, que si partimos de esa base, todo el mundo desde el inicio está ocultando cosas negativas.

¿Por qué el ser humano enmascara su esencia? La explicación me parece más sencilla. Acérquense a un bebé recién nacido. Obsérvenlo. No tiene máscara alguna. Si acaso algún pequeño vestido que le pongamos para adornar. Es así. Natural. ¿Y cómo lo describirían? Posiblemente dirían muchísimas cosas bellas del bebé: bonito, pequeñito, blandito, suavecito. Ahora bien, si siguieran ahondando en la descripción probablemente acabarían diciendo que es esencialmente frágil. Sí, ahí está, su fragilidad natural es tal que no puede vivir sin la atención constante de un adulto que averigüe qué le pasa a cada momento.
Pues así somos los seres humanos, esencialmente frágiles. Frágiles porque vivimos en un mundo complejo que en múltiples ocasiones no entendemos. Frágiles porque vivimos desnudos ante las cosas que nos rodean, que pasan demasiado rápido y para las que necesitamos un tiempo de digestión. Frágiles porque entendemos en base a ideas y conceptos que se inadecúan en ocasiones a los sucesos, emociones y sentimientos. 
Y esa fragilidad es la que enmascaramos, para que no se perciba. O quizás incluso porque no queremos reconocernos a nosotros mismos esa fragilidad. 

Como lo esencial es invisible, pues, a los ojos, aludan a lo esencial frente a sus congéneres. Siempre con delicadeza, busquen desenmascararlos, porque en el momento en que se siente la fragilidad ajena y se cuida, mima y arrulla, el otro llega a sentirse más amparado en un mundo complejo -a no ser que no quiera reconocerse a sí mismo esa fragilidad esencial, con lo que no se dejará ser cuidado-. Igualmente, ábranse al otro en esencia. Ante tal hecho observarán dos reacciones, los que cuidan, miman y arrullan su fragilidad esencial, y los que ante la fragilidad huyen despavoridos no sin antes dar algún golpe. 

Por tanto, precipitar velozmente la búsqueda de la esencia del otro, y la muestra de la propia esencia es un criterio básico para saber hacia qué seres humanos podemos tender de forma incondicional y de cuáles no cabe más que evitar el contacto.

2 ago. 2011

Fragmentos luminosos LXIV


Amar desde el caos

Cuando la noche es de día, y el día es de noche. Allí donde no existe predicción ni control. No más azar que el estado natural. Convivir con el caos. ¡Al fin! Amar se ama cuando el río diario, con sus devaneos y corrientes, te sigue llevando a la persona amada.