13 abr. 2016

Fragmentos utópicos XVI



Confiar

Poder confiar creo sea la base más primitiva del ser humano, porque, en ella, nos sentimos en seguridad. Y es que la intemperie y la incertidumbre son complejas para la psicología humana. Todos necesitamos algo o alguien en quien poder confiar. Algo es sencillo, porque constantemente confiamos en cosas tales como que mañana vamos a seguir vivos o que las cosas van a funcionar tal y como las conocemos hasta ahora. Ahora bien, alguien en quien confiar resulta una búsqueda más ardua. Alguien que uno sepa no ya solo que no le va a traicionar, sino que va a estar ahí independientemente de las circunstancias ofreciendo ese refugio de la intemperie. Algunos nacen en confianza, otros pueden vivir confiados. Y hay otros que se pasan la vida cual refugiados a la espera de encontrar ese lugar anímico en el corazón del otro.

5 abr. 2016

Sobre Félix de Azúa y Ada Colau



Con las declaraciones de Félix de Azúa en las que realiza comentarios sobre la alcaldesa de Barcelona Ada Colau, para mí se han corroborado tesis esenciales que llevaba pensando ya hace un tiempo:

1. Por muchos estudios en filosofía que uno tenga, o tesis doctorales, grandes estancias en grandes universidades europeas o publicaciones en universidades de renombre, para ser filósofo hay que vivir la filosofía, hay que vivir haciendo filosofía. Y es evidente que para hacer filosofía no cabe mirar a gran parte de la humanidad con desprecio, sean pescateras, zapateras, alcaldesas o barrenderas.
En este sentido, la alcaldesa de Barcelona, que no finalizó los estudios de filosofía a falta de 30 créditos, demuestra ser más filósofa que el académico de renombre, que acaba vendiendo sus palabras a la infamia y denigración gratuita, al desprecio y al clasismo.

2. Existen dos tipos de filósofos: los que desde Platón pretendían hacer de la filosofía una tarea de las élites. (No olvidemos que Platón proponía que los únicos capaces de gobernar serían los filósofos, por haber alcanzado la verdad de las ideas). En este sentido, Félix de Azúa lo supera. Pretende que élites como él gobiernen. Élites que desprecian a la mayor parte de la humanidad por tener trabajos no intelectuales, o por dar cabida en sus políticas a amplios sectores de la población -gobernar para el pueblo-. Dígame, señor de Azúa, ¿usted piensa que alguna vez va a ganar unas elecciones si desprecia la dignidad de todo ciudadano, menos los de su élite?
Y el otro tipo de filósofos son los que, desde Nietzsche, unen la filosofía con la vida, con lo terrenal, con la cotidianidad, con las personas, todas, que de una forma u otra, en tanto que piensan alguna vez, hacen filosofía.

Y es que algo podría haberse intuido sobre la forma de actuar del señor de Azúa. ¿Cómo no va a ser clasista una persona que, habiendo nacido en 1944, estudio en la universidad, hizo una tesis doctoral, obtuvo una estancia en París..., cuando la mayor parte de la población en este país luchaban por sacar sus vidas adelante con una mínima calidad de vida? ¿Cómo no va a ser impertinente y maleducada una persona que se ha criado bajo las faldas filosóficas de Agustín García Calvo, una de las personas que más repulsión ética me ha creado, ya que en sus conferencias hacía sentir al público ignorante e incompetente frente a su gran sabiduría?

Y, sin embargo, Félix de Azúa ha sido capaz de escribir libros verdaderamente deliciosos a la lectura. ¿En qué momento decidiría cambiar de camino? ¿Por qué no seguirá en él y dejará a la señora Ada Colau que gobierne, ya que a ella esa tarea se le da mejor que a él?