22 nov. 2012

Libertad de expresión, injurias y retirada de pancartas en los centros educativos

 
A veces observo dentro del claustro de profesores de un instituto y comienzo a sonreírme. Me encantan los profesores de cincuenta años en adelante que defienden los valores de la izquierda y que realmente son de izquierdas -es decir, los actos de su vida no son contrarios a sus ideas-. Todavía son capaces de recordar todos aquellos años en los que lucharon para conseguir los derechos que la actual gestión gubernamental nos está haciendo perder. 

Entre ellos, ¡qué paradojas!, los gestores del poder y las últimas ramas de sus brazos de pulpo pretenden hacernos perder el derecho constitucional de la libertad de expresión.Y lo más gracioso es que la gente lo asume como algo normal.

La última avanzadilla de los anticonstitucionales gestores del poder es pretender que en los centros educativos se eliminen las pancartas de protesta contra los recortes del gobierno. Parece ser que piensan estos gestores que los funcionarios tenemos el deber de acatar sin protestar las decisiones de cada gobierno. Cuando realmente nuestra función es estar al servicio de la sociedad. Protestar contra los recortes en educación, por ejemplo, es una forma de defender el derecho a la educación de nuestros ciudadanos, porque, no lo olvidemos, no pagan partidas presupuestarias para elementos básicos de la enseñanza como son folios, tizas o espacios suficientemente anchos para meter a todos los alumnos que pretenden que haya en una clase.
PROTESTAR EN CONTRA DE LOS RECORTES ES TAREA ÉTICA DEL FUNCIONARIO PÚBLICO AL SERVICIO DE LA SOCIEDAD. ASÍ COMO PROTESTAR CONTRA LOS MISMOS ESTÁ AVALADO POR EL DERECHO CONSTITUCIONAL A LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN.
¿Y hasta dónde puede ejercerse esta libertad de expresión? Parece que los gestores del poder no lo tienen claro, así que vamos a tener que esclarecérselo a través de la lucha y la protesta. PODEMOS, queridos ciudadanos, INJURIAR a cualquier gestor del poder o funcionario público por una mala gestión, y tal hecho no es delito. Así lo dice el Artículo 210 del Código Penal de nuestro país: El acusado de injuria quedará exento de responsabilidad probando la verdad de las imputaciones cuando éstas se dirijan contra funcionarios públicos sobre hechos concernientes al ejercicio de sus cargos o referidos a la comisión de faltas penales o de infracciones administrativas. Así, puedo perfectamente hablar mal de Rajoy o de Zapatero o del inspector de educación de mi centro o de mi director de manera pública y publicitando su mala gestión o sus infracciones administrativas.

Se lo digo de buena fe, porque pretendieron el curso pasado expedientarme y denunciarme en el IES Misteri d'Elx los miembros del equipo directivo por injurias, y nada han podido hacer, porque la ley nos protege a los ciudadanos en la expresión más incisiva y ácida de nuestras opiniones sobre mala gestión pública.

Cada vez que veo a esos profesores del claustro mayores de cincuenta años y de ideologías de izquierdas me sonrío y pienso realmente que son unos viejos románticos. Todavía recuerdan las épocas en las que los equipos directivos eran elegidos por el claustro y no por el gobierno de turno. Esos tiempos en los que los directores estaban ahí para defender, de cara a la administración, a su claustro y sus ideas, muchas veces contrarias al gobierno que tocaba. Sin embargo, hoy día los equipos directivos no son más que los últimos brazos del gobierno de cada comunidad. Y, por mucho que sean colegas, y aunque no sean nuestros enemigos, defenderán a la administración y dejarán con el culo al aire a su claustro, porque en ello les va el cargo por enchufe que les ha sido concedido. 
Por eso, tristemente, los directores ordenan en cada centro educativo retirar las pancartas de protesta contra los recortes. Porque a fin de cuentas prefieren ser cómplices en el enmudecimiento de la libertad de expresión y olvidar su tarea ética de cara a los ciudadanos, antes que perder ese cargo electo. Realmente y tras un juicio, si los pretendiesen expedientar por negarse a retirar las pancartas, nada podría hacerse, pero, claro, eso sí, perderían su puesto de director. AHÍ ESTA LA CLAVE. YA LO DECÍA MI ABUELA: PAN PARA HOY Y HAMBRE PARA MAÑANA.

2 comentarios:

ENRIQUE dijo...

Mi enhorabuena Nieves, si por defender lo que piensas, eres capaz de asumir esas consecuencias. Un gesto de agradecer por los demás.

Nieves Soriano Nieto dijo...

No hay consecuencia alguna cuando la ley nos protege. Lo único que tenemos que tener es resistencia a las amenazas. Y la resistencia es fácil tenerla cuando uno sabe que lleva razón y la ley nos protege. Todo lo demás es doblegarse y ser un esclavo.