15 oct. 2016

Fragmentos utópicos XV


El aquí y ahora

Ella fue rama quebrada de viento. Vivió como si le quedase un último aliento de vida del que disfrutar antes de morir. Su existencia fue atravesada por la enfermedad. Y ella se veía fuerte, mientras yo la veía frágil. Ella luchaba, mientras yo dejaba de luchar. Ella se levantaba cada día y se decía "vivir este día es un regalo", mientras yo vivía la agonía de sentir que a una madre iba a perder.
Ésa es la gran diferencia entre unos y otros, entre lo vacío y lo lleno. Al igual que el tiempo es relativo no solo para Einstein -sino que ya Agustín de Hipona apuntó sobre esto-, lo es la vida para los seres humanos. Todo depende del punto de vista. De la capacidad de sonrisa y de la aceptación. En suma, de la capacidad de vivir el aquí y ahora. Mi madre quería vivir. Pero tenía la muerte interpuesta en su camino. Hundirse podría haberla llevado a la muerte. Luchar y sonreír podría haberla llevado también a la muerte. Optó por esto último. ¿Cuál ha sido la diferencia? Que ha vivido de forma más plena y feliz su día a día. Que ha ganado en calidad de vida.
Y ahora vive. Vuelve a ser ella. Cocina, coge en brazos a sus nietos, coge su bici. Aquella madre que yo me empeñaba en sentir que había perdido. ¿Cuál es la diferencia? Que yo he pasado un proceso doloroso innecesario y que ella ha edulcorado su dolor con ese saber estar necesario. 
En realidad solo podemos permitirnos vivir mal cuando estamos bien. Una vez atravesados por el grito de la supervivencia todo cobra el tinte necesario para colocar cada cosa en la jerarquía de importancia que tiene.
Sí, seamos felices viviendo el aquí y ahora, porque solo esa felicidad nos puede llevar a construir caminos hermosos junto a los que amamos.

10 sept. 2016

Kubo y las dos cuerdas mágicas



Ayer pude ver la película de Kubo y las dos cuerdas mágicas, de la productora Laika, que ya en su día produjo la película de Coraline. Fue una experiencia mágica en la que la película te envuelve en una esfera de reflexión sobre la vida, la muerte, el deber.  Es una película que en principio parece planteada para niños. Sin embargo, por la profundidad de su discurso, el espectador se da cuenta de estar inmerso en una obra filosófica. Kubo, un niño japonés al cual le fue arrebatado un ojo y que vive con su madre enferma, tiene el poder mágico de hacer mover figuras de papel que cuentan historias de samurais al son de su instrumento de cuerda.
La película se desarrolla cuando el niño mago entra en el mundo de los espíritus y ha de debatirse entre elegir la vida humana, con el dolor que implica, y aceptando que no es infinita, y la vida imperecedera. 
Kubo somos cada uno de nosotros y de los pensadores que han rodeado la historia de la humanidad. Sí, el ser humano siempre se ha debatido entre el deseo de creer que existe algo más allá de la muerte y el hecho de aferrarse a la vida cotidiana, humana, en la que somos seres emocionales. Kubo es la dualidad de la filosofía no solo occidental. No solo hablamos de Platón, de Descartes, incluso de Nietzsche cuando critica a Platón y a Descartes, sino que hablamos también del mundo oriental. El dualismo también está presente en la filosofía budista, taoísta, sintoísta... 
Una de las grandes preguntas que yo siempre me he realizado es por qué el ser humano tiende a plantear el pensamiento de forma dual. 
Y a la única respuesta a la que llego con el paso de los años es a que el ser humano con el pensamiento racional necesita creer y justificar su existencia y sus actos. Es decir, el hecho de que pensemos racionalmente implica que tendemos a pensarnos como seres presos por un deber moral que nos imponemos. De hecho, las sociedades se plantean en base a unas normas que son el deber ser. Sin embargo, no somos perfectos, y ese deber ser constantemente lo "corrompemos". Es decir, no podemos actuar siempre en base a una normativa cuando el deseo camina por otros derroteros. Y ahí está la humanidad. Y en ese momento decimos que somos humanos. En el momento en que no somos perfectos. Por ello, creamos esos seres perfectos, llámenlos dioses, que son los únicos capaces de tener el ideal al que nuestra mente aspira.
Y también esos seres perfectos nos sirven para justificar que nosotros somos imperfectos. De ahí la necesidad en la mente humana de pensar en base a una dualidad y de elegir en el debate siempre la vida humana, con su dolor, su tristeza, sus placeres, todas sus emociones, y a pesar de su pensamiento racional.

6 sept. 2016

Ser ciclista en Elche



Ser ciclista en Elche es toda una ODISEA. Ninguno de los últimos gobiernos se ha preocupado por dar un buen uso ni siquiera al carril bici existente en la ciudad. De gobiernos de derecha no me sorprende, pero de los de izquierda actuales incluso me enmudece. Carriles sin pintar desde hace años, ya borrados por el desuso. Sin embargo, el número de ciclistas en Elche ha crecido enormemente durante los últimos años. 
Ser ciclista en Elche implica poner tu vida en peligro, yendo por la carretera, o caminar por las amplias aceras- en las cuales, sin duda, cabría un carril bici-, luchando contra todos los viandantes cabreados con razón porque las bicicletas ponen su vida en peligro.
Pero no hablemos ya cuando se trata de ir a trabajar. En los últimos institutos en los que he trabajado durante los últimos cuatro años -tiempo que llevo retomando el uso de la bici en la ciudad-, he tenido que pelearme con conserjes, directiva, para que me dejasen aparcar el vehículo en un lugar seguro en el que los alumnos no pudieran pincharme las ruedas. Hoy, sin ir más lejos, he tenido que aguantar cómo un conserje -que de amable nada tenía a pesar de su apelativo-, negado a hacerme una copia del cuarto donde el director me había permitido aparcar la bici, me decía que fuese a trabajar en autobús. ¿En serio? Sí, la fragilidad se apresa de las mentes al hablar de las bicicletas. ¿Por qué? No puedo ni tan siquiera comprenderlo. Si no contaminamos, nos dedicamos a hacer deporte, ¿qué de molesto podemos tener?
El señor alcalde y sus secuaces deben estar orgullosos de su política. Sin política no hay conciencia. Sin política no hay cambio de mentalidad. Y eso, mientras tanto los ciclistas en Elche vivimos la guerra diaria de la lucha por la supervivencia: "para que me pillen a mí en la carretera, prefiero pillar yo a un peatón, que es más indefenso".

28 jul. 2016

Fragmentos utópicos XIV



Me gusta

Me gusta serlo. Me gusta ser una más. Abrazar las caracolas anónimamente. Enredar mis dedos entres pétalos de amapola de mujer en el lecho conyugal. Degustar la vida entre viandas y labios, sintiendo la brisa del atardecer en pupilas de amor. 
En cada una de las tantas se esconden vidas curiosas, salvajes, aventuras insospechadas, tesoros, selvas, ríos. 
Me gusta el abrazo de silenciosa huella de lázuli de mi mujer anónima. Y jugar a los secretos públicamente, sin que nadie nos vea.

21 jun. 2016

Fragmentos utópicos XIX



Míralos

Míralos, todos ahí. Adultos adocenados compartiendo sus vidas con palabras insustanciales. Y así pasa su tiempo. Evitando mirar el fondo: el fondo de la vida, el fondo de cada persona. No se conocen. Sólo buscan entre ellos ese instante en el que desperdiciarse. Como si fuera la droga de la banalidad la que recoge el mono de no ser ellos mismos, de no mirar al otro. Se llaman amigos. Forman grupos gregarios de realización, pero no saben ni quiénes son ellos mismos. Porque nunca dedicaron un espacio, un tiempo a pensar. Y así pasa su vida. Decreciendo como personas, justificando comportamientos inhumanos. Y de ahí, perdónenme, nacen los totalitarismos. Ellos viven en cada rincón gregario de la vida cotidiana. En los casos más afortunados, su podredumbre humana ni trasciende ni salpica a otros.

5 may. 2016

Fragmentos utópicos XVIII


La diosa

Érase una vez una niña que nació siendo una diosa. Todo el mundo la miraba, sonreía y se quedaba prendado de ella. Tenía esa inmensa belleza de las diosas y la esperanza humana de la perfección.
La niña creció y creció hasta hacerse adulta, creyendo siempre ser esa diosa por la que la habían tomado de pequeña. Y, como diosa, intentaba llegar a todos sitios, ayudar a todo el mundo, deshacer el tiempo. Sin embargo, nunca podía hacerlo. Se equivocaba y estaba limitada, ya que era una humana disfrazada de diosa. Pero ese secreto solo lo sabía ella. Por eso, todos los que la rodeaban, cuando se equivocaba, se empeñaban en remarcarle los equívocos, con una sensación de decepción y extrañamiento, ya que no era algo propio de una diosa.
Hasta que llegó el día en que se quitó el disfraz de diosa, se vistió con una camiseta tuneada donde decía: "No soy una diosa. Me equivoco. Soy humana. Absténgase idealistas y creyentes llenos de expectativas", y, curiosamente para ella, comenzaron a acercarse a su lado personas que, en vez de moldearla al estilo de la diosa, no pretendían más que respetarle su humanidad. 

2 may. 2016

Fragmentos utópicos XVII



Acompañar

Acompañar es un grado que va más allá del cuidado. Cuando alguien padece una enfermedad grave, necesita cuidados, es evidente, porque necesita a alguien que esté haciendo las cosas que esa persona no puede ya realizar. Tareas que en un estado de salud normal nos parecen tan nimias, que las realizamos casi inconscientemente, pero que acaban por convertirse en grandes metas a cumplir cuando estamos enfermos.
Sin embargo, uno puede recibir cuidados y sentirse profundamente solo. Es decir, puede recibir lo que necesita para sobrevivir, pero no sentirse acompañado en su proceso.
En la sociedad occidental tenemos descuidado el concepto de acompañamiento, aunque cada vez se va introduciendo más el término. El cuidado puede ser suplido por cualquier persona con la que uno pueda realizar un intercambio de capitales. Esto es, puedo contratar a alguien que me ayude a completar esas tareas básicas que ya no puedo realizar si estoy enfermo. Pero el acompañamiento necesita un grado de implicación emocional y espiritual. Se trata de hacer sentir que el enfermo no está solo, que tiene todo el apoyo en su proceso. Se trata de brindarle una cobertura de esas esferas que nuestro niño interior siempre ha necesitado: la seguridad, el sentirse protegido y querido.
El acompañamiento también puede ser una ardua tarea psicológicamente para quien la ejerce, ya que existen tantos tipos de enfermos como de personas. Y también porque la enfermedad puede producir cambios de carácter o de humor en la persona que la sufre. Si el acompañante es alguien de la familia, además tiene que lidiar con los cambios de roles que se producen dentro de la misma y con las reacciones que cada cual tiene a esos cambios de roles. Es por eso que la mejor de las suertes de un acompañante es alguien que también le acompañe en el proceso. Y también es importante para poder estar ahí con el corazón pensar que son situaciones transitorias, como todo en esta vida. Disfrutémosla.

13 abr. 2016

Fragmentos utópicos XVI



Confiar

Poder confiar creo sea la base más primitiva del ser humano, porque, en ella, nos sentimos en seguridad. Y es que la intemperie y la incertidumbre son complejas para la psicología humana. Todos necesitamos algo o alguien en quien poder confiar. Algo es sencillo, porque constantemente confiamos en cosas tales como que mañana vamos a seguir vivos o que las cosas van a funcionar tal y como las conocemos hasta ahora. Ahora bien, alguien en quien confiar resulta una búsqueda más ardua. Alguien que uno sepa no ya solo que no le va a traicionar, sino que va a estar ahí independientemente de las circunstancias ofreciendo ese refugio de la intemperie. Algunos nacen en confianza, otros pueden vivir confiados. Y hay otros que se pasan la vida cual refugiados a la espera de encontrar ese lugar anímico en el corazón del otro.

5 abr. 2016

Sobre Félix de Azúa y Ada Colau



Con las declaraciones de Félix de Azúa en las que realiza comentarios sobre la alcaldesa de Barcelona Ada Colau, para mí se han corroborado tesis esenciales que llevaba pensando ya hace un tiempo:

1. Por muchos estudios en filosofía que uno tenga, o tesis doctorales, grandes estancias en grandes universidades europeas o publicaciones en universidades de renombre, para ser filósofo hay que vivir la filosofía, hay que vivir haciendo filosofía. Y es evidente que para hacer filosofía no cabe mirar a gran parte de la humanidad con desprecio, sean pescateras, zapateras, alcaldesas o barrenderas.
En este sentido, la alcaldesa de Barcelona, que no finalizó los estudios de filosofía a falta de 30 créditos, demuestra ser más filósofa que el académico de renombre, que acaba vendiendo sus palabras a la infamia y denigración gratuita, al desprecio y al clasismo.

2. Existen dos tipos de filósofos: los que desde Platón pretendían hacer de la filosofía una tarea de las élites. (No olvidemos que Platón proponía que los únicos capaces de gobernar serían los filósofos, por haber alcanzado la verdad de las ideas). En este sentido, Félix de Azúa lo supera. Pretende que élites como él gobiernen. Élites que desprecian a la mayor parte de la humanidad por tener trabajos no intelectuales, o por dar cabida en sus políticas a amplios sectores de la población -gobernar para el pueblo-. Dígame, señor de Azúa, ¿usted piensa que alguna vez va a ganar unas elecciones si desprecia la dignidad de todo ciudadano, menos los de su élite?
Y el otro tipo de filósofos son los que, desde Nietzsche, unen la filosofía con la vida, con lo terrenal, con la cotidianidad, con las personas, todas, que de una forma u otra, en tanto que piensan alguna vez, hacen filosofía.

Y es que algo podría haberse intuido sobre la forma de actuar del señor de Azúa. ¿Cómo no va a ser clasista una persona que, habiendo nacido en 1944, estudio en la universidad, hizo una tesis doctoral, obtuvo una estancia en París..., cuando la mayor parte de la población en este país luchaban por sacar sus vidas adelante con una mínima calidad de vida? ¿Cómo no va a ser impertinente y maleducada una persona que se ha criado bajo las faldas filosóficas de Agustín García Calvo, una de las personas que más repulsión ética me ha creado, ya que en sus conferencias hacía sentir al público ignorante e incompetente frente a su gran sabiduría?

Y, sin embargo, Félix de Azúa ha sido capaz de escribir libros verdaderamente deliciosos a la lectura. ¿En qué momento decidiría cambiar de camino? ¿Por qué no seguirá en él y dejará a la señora Ada Colau que gobierne, ya que a ella esa tarea se le da mejor que a él?

14 mar. 2016

Fragmentos utópicos XV


Paz

Al límite. Sobrepasada. Sin lugar. Llena de ruido que entorpece el pensamiento. Con el corazón en un puño. Anonadada. Frustrada. Desoñada. Al límite. Sin camino. Perdida. Sin sonrisa. Alocada. Pero en mi cuerpo. En mi cuerpo. En mi mente. Ese pequeño remanso de paz, donde nadie te dice nada. Esa intimidad inviolable que me hace ser al fin yo: libre, caracola, sin límites.

3 mar. 2016

Fragmentos utópicos XIV



Cáncer

Es como una luz violácea. Ahí está, al final del túnel. La veo brillar en su cabeza. Y camino las calles a la búsqueda de bombillas como la suya. Hay que seguirlas con sigilo, porque se esconden en la sombra, tras el silencio de una sociedad de máscaras de joven y saludable felicidad. Atisbo a alguien que me entiende con su mirada. A lo lejos. Viene hacia mí. Despacio. Se entrecruzan nuestros gestos. Ahora puedo verlo. Es violácea la luz de sus ojos. Violácea como el estandarte de una revolución. Violácea en la lucha más encarnizada de una persona: vivir cuando se tiene a la muerte pisándote los espolones.
¡Qué fuerza de flaqueza! ¡Qué deseo de aferrarse a la materia!
Toda lucha entiende de enseñanza. Todos deberíamos poder abrir los ojos sin tragedias a esas grandes personas violáceas a las que les ha tocado la varita mágica. Ellos pueden ver la esencia. Nosotros vivimos ocultándola, perdidos, naufragados en devaneos psicológicos de poca enjundia.

9 feb. 2016

Fragmentos utópicos XIII



La soledad

La soledad cubierta de ruido. Como ciénaga que enmudece a cada paso. Como todo aquello que se silencia. Como el volcán esperando la erupción. Esa soledad rodeada de quien no te escucha, quien no te ve, quien no te siente. La soledad que acuna ese dolor de quien nada quiere saber. La soledad en un mundo de egos que succionan. Individuos, individuos somos en tierra hostil.

29 ene. 2016

Fragmentos utópicos XII



Gracias

Gracias, porque eres preciosa, porque el anochecer contigo cada día es algo mágico. Gracias porque no eres princesa, porque alumbras el amanecer con una sonrisa. Gracias porque eres arrullo, abrazo libre conmigo. Pero sobre todo gracias por resistir en la enfermedad, por acurrucarme en cada momento de dolor, compañera de vida, compañera. 

24 ene. 2016

Fragmentos utópicos XI



Santuario de Belén

En el atardecer la Mancha se torna baño de tierra. Raíces, bellotas, el reflejo incandescente del sol en cada mineral. Es como un baile místico de ausencias. En él cada recuerdo cabe. La raíz ancla, ordena, remite al lugar de donde venimos y al que nos dirigimos. El día que muera, entiérrenme bajo ese árbol manchego.

15 ene. 2016

Fragmentos utópicos X



Hipocresía vomitiva

Cuánta hipocresía acarrean las relaciones humanas. Cuán fácil es ver en el otro lo que uno hace y no se reconoce. Cuán fácil es usar palabrería, pero cuán difícil es mostrar lo que se dice con hechos.

14 ene. 2016

Fragmentos utópicos IX

 
El dolor

Ese aullido, como de un monstruo, martillea la cabeza. El dolor arrasa con la moral, con la razón, con lo que somos. Nos convertimos en puro aullido, nervio, naturaleza, instinto, células. Vete de mí, lejos, déjame dormir, no te quiero como banda sonora de mi vida.