28 jul. 2017

Gracias


Gracias a todos los que habéis estado presentes. Gracias porque en los últimos cuatro meses me habéis hecho brillar. Me habéis hecho recordar el valor de mi persona. Me habéis hecho desempolvar quien soy. Gracias por todas vuestras palabras, por reforzar mi valía, por cada uno de vuestros gestos. En cuatro meses he salido de un agujero del que he tenido la suerte de liberarme. Gracias, es gracias a vosotros. Os quiero. Nos vemos a la vuelta en el matriarcado ca' la Nieves.

13 jul. 2017

Xin Xin Ming (Canto al corazón de la confianza)



Aquí les dejo con unos fragmentos del Xin Xin Ming (Canto al corazón de la confianza) escritos por el maestro Chan en el siglo VII. Una de las joyas de la filosofía Zen. Más adelante, unas reflexiones mías:

* No te apegues a visiones dualistas. Si haces distinción entre lo correcto y lo erróneo la esencia de la mente se perderá en la confusión.

* Deja que las cosas sean a su manera y no habrá ir ni venir. Obedece a la naturaleza de las cosas y andarás libre y tranquilo.

* Alcanzar el Tao no es difícil. Solo que la discriminación entre el odio y el amor oscurece el entendimiento.

Experiencia. Duelo. Eres en mí aparentemente contradictoria. Aquel día se aferró mi alma como trueno y raíz a la tierra. Fue entonces cuando pude perdonar. Perdonar a la vida, perdonar al otro, perdonarme. El perdón no es más que aunarse con la esencia, porque es el instante en el que nos deshacemos de la dualidad. Entonces aceptamos lo que es y lo que no es. La vida ahí dejamos de sobrevivirla. Somos ya parte de ella.

29 jun. 2017

Fragmentos utópicos XXIII


Vibrar

Las entrañas vibran como volcanes al ritmo de la percusión. Ser en ser primitivo. Unos ojos volátiles brillan en esa fugaz mirada de emoción. Vibra el útero, la madre tierra, la raíz, el deseo. Como pechos desnudos, ardientes, como precisas erupciones de amor siempre inconcluso. Tic tac, tacto, silencio.

27 jun. 2017

Fragmentos utópicos XXII

Vida. Nieves S. N.

¡Estoy viva!

Sentirse viva es sentirse, sentir cuerpo de emociones. Dejar que todas quepan en él. Si algo aprendí de la Noche fue a dejarme emocionar. Si algo aprendí de la Luz fue a abrazar también el dolor, la tristeza, ser humilde con una misma, saberse, lamerse las propias heridas. En la infancia en ocasiones aprendemos a no llorar. Ahora brindo por poder recoger en barreños lágrimas de melancolía. Estoy viva. He amado. Estoy viva. Me ha dolido el desamor. ¡Estoy viva!

18 jun. 2017

Fragmentos utópicos XXI



Saber vivir

Saber vivir es no saber cómo hacerlo. Es instalarse en la negación y tratar de entenderla. Cuando tenemos, todos sabemos vivir: dinero, familia, amor, trabajo, tiempo libre... Saber vivir es aceptar la incertidumbre, la derrota, el desamor, la enfermedad, la muerte..., en suma, lo que es y tendemos a desear que no sea. 
Saber vivir es dejar de ser niño para aceptar la negación. Aprender a enfrentarse solo, sin responsables, a las situaciones del no. Es aceptar, por doloroso que sea, la libertad, que somos la cara de nuestra propia existencia. 
Es entonces cuando caminamos en paz con nosotros. Es entonces cuando podemos amar desde la verdad del corazón a otros.

14 jun. 2017

Fragmentos utópicos XX


Yuki y Noche 

Escribo este relato por si sirve a mujeres con espíritu de salvadoras, que han acabado encerradas en relaciones de pareja tóxicas. Gracias infinitas a L. C. por animarme a componerlo. Y, ya saben, cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia.

Érase una vez una mujer inteligente, bella y con una fuerza de lucha y seguridad únicas. Cuando nació la llamaron Yuki, porque brotó con tal ímpetu en un día de nieve, que se aferró intensamente a la vida. De pequeña, sus padres siempre le decían lo grandiosa y poderosa que era. Y así, Yuki, creció pensando que era fuerte y luchadora, más que princesa. Claro, que al ser fuerte y luchadora, Yuki también tenía una gran responsabilidad encima. Debía intentar hacerlo todo perfecto y ayudar a los que eran incapaces de hacer las cosas por sí mismos. Yuki era fuerte, única, era capaz de robar a los ricos para dárselo a los pobres, defender en el colegio a los que sufrían las burlas de otros, contestar a sus profesores para defender su dignidad. Sin embargo, Yuki nunca pudo aceptar que no existe nada perfecto y que nadie puede salvar a nadie. Así, constantemente se rodeaba de personas que por un lado necesitaban ayuda y que, por otro, le recordaban que no hacía las cosas perfectas, que todavía podía hacerlas mejor para salvarlos. La historia de su camino en este rol culminó al encontrar a la gran, única y esplendorosa princesa Noche. Noche era una princesa entre las princesas. Ella lo merecía todo, pero todo, todo era insuficiente, porque aceptaba fervientemente el cálculo infinitesimal, y pensaba que todo siempre podía ser más todo hasta llegar al infinito. Necesitaba aplausos, reverencias a cada paso. Sin embargo, la princesa Noche no sabía bien cómo vivir consigo misma. Le faltaba el largo camino de la introspección, como a Yuki. Habitaba un castillo lleno de mugre y ratas. Era incapaz de relacionarse con sus conciudadanos de forma pacífica -porque siempre se sentía traicionada, dado que todo todo era insuficiente-, ni de abrir su corazón o confiar más que en los animales de raza esclava, aquellos que no le protestaban, que le eran fieles y que eran capaces de darle todo todo, porque todo todo implicaba ser esclavo.
Yuki y Noche se encontraron, se enamoraron, se complementaron los roles y se desenamoraron, vamos una historia como tantas otras. 
Cuando Yuki y Noche se enamoraron, Noche decidió abandonarse a Yuki. Sí, Yuki era una gran cuidadora, fiel y una gran defensora que la protegería de todos los males del universo. Y Yuki decidió abandonarse a Noche. Sí, Noche era la princesa perfecta a la que proteger. Y así comenzaron a caminar a ciegas. Noche se abandonaba a Yuki, pero, como buena princesa, siempre exigía de Yuki mucho más abandono hacia su excelsa y reverencial persona. Todo abandono le resultaba insuficiente. Necesitaba succionar todo de Yuki. Necesitaba que ella se separara de su familia para atender todas sus peticiones a cada paso. Necesitaba que no hiciese nuevos amigos, porque cada nueva situación era amenazante a la atención de todas sus peticiones a cada paso. Y necesitaba, a ser posible, que Yuki tampoco tuviera una gran relación con los amigos que tenía, por los mismos motivos. 
Un día la madre de Yuki enfermó. Al principio parecía que iba a morir. Y Yuki quiso, si iban a ser los últimos momentos de la vida de su madre, pasarlos más cerca de ella. Cogió un caballo y se fue a visitarla a las Tierras Altas. Iba y venía. Vivía entre su madre y Noche. Y cada vez que llegaba al castillo de Noche, ella se encargaba de recordarle lo malísima que era, porque la dejaba sola, por ir a estar con su madre enferma. Yuki necesitaba ser cuidada. Estaba frágil, débil, enfadada con el mundo, porque le parecía lo más injusto que su madre fuera a morir. Yuki no podía cuidar a nadie. En ese momento necesitaba ser cuidada. Claro, Yuki no sabía que de una princesa de tal categoría y con tales galones como Noche, no se puede esperar que te cuide, porque quien merece los cuidados es ella. Y Yuki comenzó a extender un enfado gigantesco, que le invadía todo el cuerpo, que la envenenaba y que escupía a cada paso en forma de serpientes. Era el vómito de su gran dolor. Estaba peor que sola. Estaba junto a una princesa que, además, le recordaba siempre que Yuki le debía muchísimas cosas.
Entonces Yuki conoció a Luz. De casualidad. Un día. Pensó que necesitaba ayuda, deseó muy fuerte que apareciese Luz y llegó como un hada madrina. Luz cobraba sus servicios de ayuda, lo cual le pareció a Yuki perfecto en un momento en el que de manera humana no podía llegar a la equidad con nadie. Luz era tan hermosa por dentro. Luz, sin decir nada, lo decía todo. Luz, sin hablar, era capaz de estar a tu lado, apoyarte, arrullarte. Luz era socrática, te ayudaba a parir ideas sin apenas sugerirte nada. Y así fue como Yuki, junto a Luz, pudo caminar a su pasado, pudo perfilar el rol de salvadora y pudo crear el caldo de cultivo para que Noche se fuese, porque concluyese que merecía mucho mucho más, junto, ahora sí, a un príncipe. 
Y Yuki quedó liberada de la maldición de la madre salvadora, y, semanas después de la partida de Noche, comenzaron a florecer miles de plantas que tenía muy secas antes en su jardín. Tan hermosas. Estaban ahí. Manos tendidas, besos, abrazos, cariño, amor y vida.

7 jun. 2017

Fragmentos utópicos XIX



Retales

Retales hermosos llegan a la memoria. Son recuerdos que imprimen en el corazón la dualidad. Esa tristeza de haberlos vivido, perdido o quizás aderezada con la imposibilidad de volver a repetirlos. Y, a su vez, la alegría de haberlos podido contar, recobrar, compartir. Son esos momentos mágicos que hablan de la intimidad, de la vida gozada en común, de la fortuna de haber estado viva junto a otros.

1 jun. 2017

Fragmentos utópicos XVIII


Reflexiones en torno a Confucio

Brilla. Es la luz del verano. Deslumbra de belleza cada rincón. La luz vibra. Es una onda expansiva. Sucede al abrirse al mundo. Los sentidos pueden percibir lo que antes pasaba desapercibido. Esa pequeña araña que anida paciente en el balcón esperando la llegada del mosquito. Protege. El escarabajo volador herido. Las golondrinas que celebran con danzas la caída de la tarde. Todo huele. Huele el estar primitivo en el mundo. Huele para dejarnos guiar por aquello que nos gusta. Como el feto que sabe a qué huele el cuerpo de la madre.
Abiertos al mundo, desnudos, con los roles de 36 años de vida caídos. ¿Quién soy? No alcanza el corazón a responder. Tan solo lo que fuimos sirve de guía para saber lo que no queremos volver a acunar. La gran revolución de la vida. La caída del tótem. El cuestionamiento sensitivo del tabú. El momento en el que nuestra máscara se hace añicos y podemos por fin vivir en armonía con el cosmos, con lo que somos, con los que nos rodean (Ren).

6 may. 2017

Fragmentos utópicos XVII



Wu Wei

Es tan hermoso como atronador. La carne se deshace en cúmulos de emociones. Y brotan, cual volcanes rumiando el principio de una erupción. Luego está la razón, que habla ese lenguaje comprensible. Todo en uno. El yo. Un cuerpo. Materia. Releer. Habitar. Rehabitar. Quietud. Dejar salir. Dejar ir.

5 feb. 2017

Fragmentos utópicos XVI

 
La fragilidad

Algo se mueve ahí fuera. Es incólume. No está dañado y tiene rasgos de inocencia. El viento lo azota. Él siempre se lleva la felicidad, las sonrisas de la infancia, los referentes. Se van destrozados por la violenta mano que los acarrea. Y aquí nos quedamos el resto. Viendo crecer a otros y sin un mapa para construir un camino sano.

15 oct. 2016

Fragmentos utópicos XV


El aquí y ahora

Ella fue rama quebrada de viento. Vivió como si le quedase un último aliento de vida del que disfrutar antes de morir. Su existencia fue atravesada por la enfermedad. Y ella se veía fuerte, mientras yo la veía frágil. Ella luchaba, mientras yo dejaba de luchar. Ella se levantaba cada día y se decía "vivir este día es un regalo", mientras yo vivía la agonía de sentir que a una madre iba a perder.
Ésa es la gran diferencia entre unos y otros, entre lo vacío y lo lleno. Al igual que el tiempo es relativo no solo para Einstein -sino que ya Agustín de Hipona apuntó sobre esto-, lo es la vida para los seres humanos. Todo depende del punto de vista. De la capacidad de sonrisa y de la aceptación. En suma, de la capacidad de vivir el aquí y ahora. Mi madre quería vivir. Pero tenía la muerte interpuesta en su camino. Hundirse podría haberla llevado a la muerte. Luchar y sonreír podría haberla llevado también a la muerte. Optó por esto último. ¿Cuál ha sido la diferencia? Que ha vivido de forma más plena y feliz su día a día. Que ha ganado en calidad de vida.
Y ahora vive. Vuelve a ser ella. Cocina, coge en brazos a sus nietos, coge su bici. Aquella madre que yo me empeñaba en sentir que había perdido. ¿Cuál es la diferencia? Que yo he pasado un proceso doloroso innecesario y que ella ha edulcorado su dolor con ese saber estar necesario. 
En realidad solo podemos permitirnos vivir mal cuando estamos bien. Una vez atravesados por el grito de la supervivencia todo cobra el tinte necesario para colocar cada cosa en la jerarquía de importancia que tiene.
Sí, seamos felices viviendo el aquí y ahora, porque solo esa felicidad nos puede llevar a construir caminos hermosos junto a los que amamos.

10 sept. 2016

Kubo y las dos cuerdas mágicas



Ayer pude ver la película de Kubo y las dos cuerdas mágicas, de la productora Laika, que ya en su día produjo la película de Coraline. Fue una experiencia mágica en la que la película te envuelve en una esfera de reflexión sobre la vida, la muerte, el deber.  Es una película que en principio parece planteada para niños. Sin embargo, por la profundidad de su discurso, el espectador se da cuenta de estar inmerso en una obra filosófica. Kubo, un niño japonés al cual le fue arrebatado un ojo y que vive con su madre enferma, tiene el poder mágico de hacer mover figuras de papel que cuentan historias de samurais al son de su instrumento de cuerda.
La película se desarrolla cuando el niño mago entra en el mundo de los espíritus y ha de debatirse entre elegir la vida humana, con el dolor que implica, y aceptando que no es infinita, y la vida imperecedera. 
Kubo somos cada uno de nosotros y de los pensadores que han rodeado la historia de la humanidad. Sí, el ser humano siempre se ha debatido entre el deseo de creer que existe algo más allá de la muerte y el hecho de aferrarse a la vida cotidiana, humana, en la que somos seres emocionales. Kubo es la dualidad de la filosofía no solo occidental. No solo hablamos de Platón, de Descartes, incluso de Nietzsche cuando critica a Platón y a Descartes, sino que hablamos también del mundo oriental. El dualismo también está presente en la filosofía budista, taoísta, sintoísta... 
Una de las grandes preguntas que yo siempre me he realizado es por qué el ser humano tiende a plantear el pensamiento de forma dual. 
Y a la única respuesta a la que llego con el paso de los años es a que el ser humano con el pensamiento racional necesita creer y justificar su existencia y sus actos. Es decir, el hecho de que pensemos racionalmente implica que tendemos a pensarnos como seres presos por un deber moral que nos imponemos. De hecho, las sociedades se plantean en base a unas normas que son el deber ser. Sin embargo, no somos perfectos, y ese deber ser constantemente lo "corrompemos". Es decir, no podemos actuar siempre en base a una normativa cuando el deseo camina por otros derroteros. Y ahí está la humanidad. Y en ese momento decimos que somos humanos. En el momento en que no somos perfectos. Por ello, creamos esos seres perfectos, llámenlos dioses, que son los únicos capaces de tener el ideal al que nuestra mente aspira.
Y también esos seres perfectos nos sirven para justificar que nosotros somos imperfectos. De ahí la necesidad en la mente humana de pensar en base a una dualidad y de elegir en el debate siempre la vida humana, con su dolor, su tristeza, sus placeres, todas sus emociones, y a pesar de su pensamiento racional.

6 sept. 2016

Ser ciclista en Elche



Ser ciclista en Elche es toda una ODISEA. Ninguno de los últimos gobiernos se ha preocupado por dar un buen uso ni siquiera al carril bici existente en la ciudad. De gobiernos de derecha no me sorprende, pero de los de izquierda actuales incluso me enmudece. Carriles sin pintar desde hace años, ya borrados por el desuso. Sin embargo, el número de ciclistas en Elche ha crecido enormemente durante los últimos años. 
Ser ciclista en Elche implica poner tu vida en peligro, yendo por la carretera, o caminar por las amplias aceras- en las cuales, sin duda, cabría un carril bici-, luchando contra todos los viandantes cabreados con razón porque las bicicletas ponen su vida en peligro.
Pero no hablemos ya cuando se trata de ir a trabajar. En los últimos institutos en los que he trabajado durante los últimos cuatro años -tiempo que llevo retomando el uso de la bici en la ciudad-, he tenido que pelearme con conserjes, directiva, para que me dejasen aparcar el vehículo en un lugar seguro en el que los alumnos no pudieran pincharme las ruedas. Hoy, sin ir más lejos, he tenido que aguantar cómo un conserje -que de amable nada tenía a pesar de su apelativo-, negado a hacerme una copia del cuarto donde el director me había permitido aparcar la bici, me decía que fuese a trabajar en autobús. ¿En serio? Sí, la fragilidad se apresa de las mentes al hablar de las bicicletas. ¿Por qué? No puedo ni tan siquiera comprenderlo. Si no contaminamos, nos dedicamos a hacer deporte, ¿qué de molesto podemos tener?
El señor alcalde y sus secuaces deben estar orgullosos de su política. Sin política no hay conciencia. Sin política no hay cambio de mentalidad. Y eso, mientras tanto los ciclistas en Elche vivimos la guerra diaria de la lucha por la supervivencia: "para que me pillen a mí en la carretera, prefiero pillar yo a un peatón, que es más indefenso".

28 jul. 2016

Fragmentos utópicos XIV



Me gusta

Me gusta serlo. Me gusta ser una más. Abrazar las caracolas anónimamente. Enredar mis dedos entres pétalos de amapola de mujer en el lecho conyugal. Degustar la vida entre viandas y labios, sintiendo la brisa del atardecer en pupilas de amor. 
En cada una de las tantas se esconden vidas curiosas, salvajes, aventuras insospechadas, tesoros, selvas, ríos. 
Me gusta el abrazo de silenciosa huella de lázuli de mi mujer anónima. Y jugar a los secretos públicamente, sin que nadie nos vea.

21 jun. 2016

Fragmentos utópicos XIX



Míralos

Míralos, todos ahí. Adultos adocenados compartiendo sus vidas con palabras insustanciales. Y así pasa su tiempo. Evitando mirar el fondo: el fondo de la vida, el fondo de cada persona. No se conocen. Sólo buscan entre ellos ese instante en el que desperdiciarse. Como si fuera la droga de la banalidad la que recoge el mono de no ser ellos mismos, de no mirar al otro. Se llaman amigos. Forman grupos gregarios de realización, pero no saben ni quiénes son ellos mismos. Porque nunca dedicaron un espacio, un tiempo a pensar. Y así pasa su vida. Decreciendo como personas, justificando comportamientos inhumanos. Y de ahí, perdónenme, nacen los totalitarismos. Ellos viven en cada rincón gregario de la vida cotidiana. En los casos más afortunados, su podredumbre humana ni trasciende ni salpica a otros.

5 may. 2016

Fragmentos utópicos XVIII


La diosa

Érase una vez una niña que nació siendo una diosa. Todo el mundo la miraba, sonreía y se quedaba prendado de ella. Tenía esa inmensa belleza de las diosas y la esperanza humana de la perfección.
La niña creció y creció hasta hacerse adulta, creyendo siempre ser esa diosa por la que la habían tomado de pequeña. Y, como diosa, intentaba llegar a todos sitios, ayudar a todo el mundo, deshacer el tiempo. Sin embargo, nunca podía hacerlo. Se equivocaba y estaba limitada, ya que era una humana disfrazada de diosa. Pero ese secreto solo lo sabía ella. Por eso, todos los que la rodeaban, cuando se equivocaba, se empeñaban en remarcarle los equívocos, con una sensación de decepción y extrañamiento, ya que no era algo propio de una diosa.
Hasta que llegó el día en que se quitó el disfraz de diosa, se vistió con una camiseta tuneada donde decía: "No soy una diosa. Me equivoco. Soy humana. Absténgase idealistas y creyentes llenos de expectativas", y, curiosamente para ella, comenzaron a acercarse a su lado personas que, en vez de moldearla al estilo de la diosa, no pretendían más que respetarle su humanidad.