27 jun. 2017

Fragmentos utópicos XXII

Vida. Nieves S. N.

¡Estoy viva!

Sentirse viva es sentirse, sentir cuerpo de emociones. Dejar que todas quepan en él. Si algo aprendí de la Noche fue a dejarme emocionar. Si algo aprendí de la Luz fue a abrazar también el dolor, la tristeza, ser humilde con una misma, saberse, lamerse las propias heridas. En la infancia en ocasiones aprendemos a no llorar. Ahora brindo por poder recoger en barreños lágrimas de melancolía. Estoy viva. He amado. Estoy viva. Me ha dolido el desamor. ¡Estoy viva!

18 jun. 2017

Fragmentos utópicos XXI



Saber vivir

Saber vivir es no saber cómo hacerlo. Es instalarse en la negación y tratar de entenderla. Cuando tenemos, todos sabemos vivir: dinero, familia, amor, trabajo, tiempo libre... Saber vivir es aceptar la incertidumbre, la derrota, el desamor, la enfermedad, la muerte..., en suma, lo que es y tendemos a desear que no sea. 
Saber vivir es dejar de ser niño para aceptar la negación. Aprender a enfrentarse solo, sin responsables, a las situaciones del no. Es aceptar, por doloroso que sea, la libertad, que somos la cara de nuestra propia existencia. 
Es entonces cuando caminamos en paz con nosotros. Es entonces cuando podemos amar desde la verdad del corazón a otros.

14 jun. 2017

Fragmentos utópicos XX


Yuki y Noche 

Escribo este relato por si sirve a mujeres con espíritu de salvadoras, que han acabado encerradas en relaciones de pareja tóxicas. Gracias infinitas a L. C. por animarme a componerlo. Y, ya saben, cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia.

Érase una vez una mujer inteligente, bella y con una fuerza de lucha y seguridad únicas. Cuando nació la llamaron Yuki, porque brotó con tal ímpetu en un día de nieve, que se aferró intensamente a la vida. De pequeña, sus padres siempre le decían lo grandiosa y poderosa que era. Y así, Yuki, creció pensando que era fuerte y luchadora, más que princesa. Claro, que al ser fuerte y luchadora, Yuki también tenía una gran responsabilidad encima. Debía intentar hacerlo todo perfecto y ayudar a los que eran incapaces de hacer las cosas por sí mismos. Yuki era fuerte, única, era capaz de robar a los ricos para dárselo a los pobres, defender en el colegio a los que sufrían las burlas de otros, contestar a sus profesores para defender su dignidad. Sin embargo, Yuki nunca pudo aceptar que no existe nada perfecto y que nadie puede salvar a nadie. Así, constantemente se rodeaba de personas que por un lado necesitaban ayuda y que, por otro, le recordaban que no hacía las cosas perfectas, que todavía podía hacerlas mejor para salvarlos. La historia de su camino en este rol culminó al encontrar a la gran, única y esplendorosa princesa Noche. Noche era una princesa entre las princesas. Ella lo merecía todo, pero todo, todo era insuficiente, porque aceptaba fervientemente el cálculo infinitesimal, y pensaba que todo siempre podía ser más todo hasta llegar al infinito. Necesitaba aplausos, reverencias a cada paso. Sin embargo, la princesa Noche no sabía bien cómo vivir consigo misma. Le faltaba el largo camino de la introspección, como a Yuki. Habitaba un castillo lleno de mugre y ratas. Era incapaz de relacionarse con sus conciudadanos de forma pacífica -porque siempre se sentía traicionada, dado que todo todo era insuficiente-, ni de abrir su corazón o confiar más que en los animales de raza esclava, aquellos que no le protestaban, que le eran fieles y que eran capaces de darle todo todo, porque todo todo implicaba ser esclavo.
Yuki y Noche se encontraron, se enamoraron, se complementaron los roles y se desenamoraron, vamos una historia como tantas otras. 
Cuando Yuki y Noche se enamoraron, Noche decidió abandonarse a Yuki. Sí, Yuki era una gran cuidadora, fiel y una gran defensora que la protegería de todos los males del universo. Y Yuki decidió abandonarse a Noche. Sí, Noche era la princesa perfecta a la que proteger. Y así comenzaron a caminar a ciegas. Noche se abandonaba a Yuki, pero, como buena princesa, siempre exigía de Yuki mucho más abandono hacia su excelsa y reverencial persona. Todo abandono le resultaba insuficiente. Necesitaba succionar todo de Yuki. Necesitaba que ella se separara de su familia para atender todas sus peticiones a cada paso. Necesitaba que no hiciese nuevos amigos, porque cada nueva situación era amenazante a la atención de todas sus peticiones a cada paso. Y necesitaba, a ser posible, que Yuki tampoco tuviera una gran relación con los amigos que tenía, por los mismos motivos. 
Un día la madre de Yuki enfermó. Al principio parecía que iba a morir. Y Yuki quiso, si iban a ser los últimos momentos de la vida de su madre, pasarlos más cerca de ella. Cogió un caballo y se fue a visitarla a las Tierras Altas. Iba y venía. Vivía entre su madre y Noche. Y cada vez que llegaba al castillo de Noche, ella se encargaba de recordarle lo malísima que era, porque la dejaba sola, por ir a estar con su madre enferma. Yuki necesitaba ser cuidada. Estaba frágil, débil, enfadada con el mundo, porque le parecía lo más injusto que su madre fuera a morir. Yuki no podía cuidar a nadie. En ese momento necesitaba ser cuidada. Claro, Yuki no sabía que de una princesa de tal categoría y con tales galones como Noche, no se puede esperar que te cuide, porque quien merece los cuidados es ella. Y Yuki comenzó a extender un enfado gigantesco, que le invadía todo el cuerpo, que la envenenaba y que escupía a cada paso en forma de serpientes. Era el vómito de su gran dolor. Estaba peor que sola. Estaba junto a una princesa que, además, le recordaba siempre que Yuki le debía muchísimas cosas.
Entonces Yuki conoció a Luz. De casualidad. Un día. Pensó que necesitaba ayuda, deseó muy fuerte que apareciese Luz y llegó como un hada madrina. Luz cobraba sus servicios de ayuda, lo cual le pareció a Yuki perfecto en un momento en el que de manera humana no podía llegar a la equidad con nadie. Luz era tan hermosa por dentro. Luz, sin decir nada, lo decía todo. Luz, sin hablar, era capaz de estar a tu lado, apoyarte, arrullarte. Luz era socrática, te ayudaba a parir ideas sin apenas sugerirte nada. Y así fue como Yuki, junto a Luz, pudo caminar a su pasado, pudo perfilar el rol de salvadora y pudo crear el caldo de cultivo para que Noche se fuese, porque concluyese que merecía mucho mucho más, junto, ahora sí, a un príncipe. 
Y Yuki quedó liberada de la maldición de la madre salvadora, y, semanas después de la partida de Noche, comenzaron a florecer miles de plantas que tenía muy secas antes en su jardín. Tan hermosas. Estaban ahí. Manos tendidas, besos, abrazos, cariño, amor y vida.

7 jun. 2017

Fragmentos utópicos XIX



Retales

Retales hermosos llegan a la memoria. Son recuerdos que imprimen en el corazón la dualidad. Esa tristeza de haberlos vivido, perdido o quizás aderezada con la imposibilidad de volver a repetirlos. Y, a su vez, la alegría de haberlos podido contar, recobrar, compartir. Son esos momentos mágicos que hablan de la intimidad, de la vida gozada en común, de la fortuna de haber estado viva junto a otros.

1 jun. 2017

Fragmentos utópicos XVIII


Reflexiones en torno a Confucio

Brilla. Es la luz del verano. Deslumbra de belleza cada rincón. La luz vibra. Es una onda expansiva. Sucede al abrirse al mundo. Los sentidos pueden percibir lo que antes pasaba desapercibido. Esa pequeña araña que anida paciente en el balcón esperando la llegada del mosquito. Protege. El escarabajo volador herido. Las golondrinas que celebran con danzas la caída de la tarde. Todo huele. Huele el estar primitivo en el mundo. Huele para dejarnos guiar por aquello que nos gusta. Como el feto que sabe a qué huele el cuerpo de la madre.
Abiertos al mundo, desnudos, con los roles de 36 años de vida caídos. ¿Quién soy? No alcanza el corazón a responder. Tan solo lo que fuimos sirve de guía para saber lo que no queremos volver a acunar. La gran revolución de la vida. La caída del tótem. El cuestionamiento sensitivo del tabú. El momento en el que nuestra máscara se hace añicos y podemos por fin vivir en armonía con el cosmos, con lo que somos, con los que nos rodean (Ren).

6 may. 2017

Fragmentos utópicos XVII



Wu Wei

Es tan hermoso como atronador. La carne se deshace en cúmulos de emociones. Y brotan, cual volcanes rumiando el principio de una erupción. Luego está la razón, que habla ese lenguaje comprensible. Todo en uno. El yo. Un cuerpo. Materia. Releer. Habitar. Rehabitar. Quietud. Dejar salir. Dejar ir.

5 feb. 2017

Fragmentos utópicos XVI

 
La fragilidad

Algo se mueve ahí fuera. Es incólume. No está dañado y tiene rasgos de inocencia. El viento lo azota. Él siempre se lleva la felicidad, las sonrisas de la infancia, los referentes. Se van destrozados por la violenta mano que los acarrea. Y aquí nos quedamos el resto. Viendo crecer a otros y sin un mapa para construir un camino sano.