6 sept. 2016

Ser ciclista en Elche



Ser ciclista en Elche es toda una ODISEA. Ninguno de los últimos gobiernos se ha preocupado por dar un buen uso ni siquiera al carril bici existente en la ciudad. De gobiernos de derecha no me sorprende, pero de los de izquierda actuales incluso me enmudece. Carriles sin pintar desde hace años, ya borrados por el desuso. Sin embargo, el número de ciclistas en Elche ha crecido enormemente durante los últimos años. 
Ser ciclista en Elche implica poner tu vida en peligro, yendo por la carretera, o caminar por las amplias aceras- en las cuales, sin duda, cabría un carril bici-, luchando contra todos los viandantes cabreados con razón porque las bicicletas ponen su vida en peligro.
Pero no hablemos ya cuando se trata de ir a trabajar. En los últimos institutos en los que he trabajado durante los últimos cuatro años -tiempo que llevo retomando el uso de la bici en la ciudad-, he tenido que pelearme con conserjes, directiva, para que me dejasen aparcar el vehículo en un lugar seguro en el que los alumnos no pudieran pincharme las ruedas. Hoy, sin ir más lejos, he tenido que aguantar cómo un conserje -que de amable nada tenía a pesar de su apelativo-, negado a hacerme una copia del cuarto donde el director me había permitido aparcar la bici, me decía que fuese a trabajar en autobús. ¿En serio? Sí, la fragilidad se apresa de las mentes al hablar de las bicicletas. ¿Por qué? No puedo ni tan siquiera comprenderlo. Si no contaminamos, nos dedicamos a hacer deporte, ¿qué de molesto podemos tener?
El señor alcalde y sus secuaces deben estar orgullosos de su política. Sin política no hay conciencia. Sin política no hay cambio de mentalidad. Y eso, mientras tanto los ciclistas en Elche vivimos la guerra diaria de la lucha por la supervivencia: "para que me pillen a mí en la carretera, prefiero pillar yo a un peatón, que es más indefenso".