21 jul. 2006

Por una ética comunitaria 1


Hace ya unos cuantos días que no escribo las vivencias o expresiones de este blog. Pasé unos días en Valencia, y escuché, entre otras cosas, una conferencia de Adela Cortina sobre la ética del consumo que me marcó llegando dentro. Esa mujer es realmente coherente. Me parece poseedora de una integridad y de una dignidad inigualables, al menos en la exposición oral. Habló de la necesidad de la construcción de la persona. Eso me dio que pensar, en fin, siempre he querido construir una ética, y últimamente, desde que llegué de París, habiendo dejado tantas cosas que amaba allí, me sentía desbordada por la oscuridad de un mundo sin ley en el que estaba viviendo. Necesitaba tan sólo pensar en todo, construir la ética que me construya como persona en un mundo que, desde mi punto de vista, debe ser pensado como comunitario.
Decidí retirarme unos días al pueblo de mi abuela, en la profunda Mancha, y de cuyo nombre no quiero acordarme. Aquello me dio un espacio de reflexión para empezar a construir esa ética. Desde la lectura de la Educación sentimental de Flaubert, hasta el estudio de árabe, desde la restauración de la antigua bicicleta de mi madre hasta el irme a las 6 de la mañana a rebuscar ajos, desde el dolor de los atentados, ya guerra, de Israel en el Líbano, con tanto descaro injustificado desde mi punto de vista, hasta el dolor por la pérdida de la fe en el respeto de ciertas personas, organismos, estados a los acuerdos comunitarios, internacionales, interestatales, he llegado a las siguientes conclusiones:

1) He llegado a la conclusión, y por ahí empiezo, de que no soy una persona egoísta, desde mi punto de vista, y teniendo en cuenta el horizonte comunitario.

2) Considero que tengo muy en cuenta a los demás, que me baso en el respeto a la diversidad y a las opiniones de las personas, y que no las juzgo moralmente desde ningún esquema. El respeto y la libertad siempre han estado a la base de lo que he concebido como la forma de establecer relaciones comunitarias, soy coherente con esto, y me gustaría construir una sociedad basada en esos dos principios éticos.

3) Existen ciertos puntos en los que a veces me he considerado o me han juzgado egoísta, fundamentalmente en la cuestión del amor y la sexualidad, atisbando en ello una falta de consideración con los demás (léase la comunidad). (Estas reflexiones las aplicaría no sólo a mí, sino a todo ser humano en la ética común. Hoy hablo de universales, que pueden destruirse, cuestionarse y cambiarse, claro).

4) No creo en el amor como unión con la divinidad a través de una persona que salva de las penas de este mundo. No creo que el mundo esté lleno de penas, ni creo que deba pensarse a las personas en términos reduccionistas, literarios y comparativos con lo que concebimos como divinidad. Las personas somos más complejas, mucho más que eso, y merecemos un trato más flexible.

5) Sí que creo que existan sentimientos, porque los vivo y sé que otros los viven a través de su diálogo y expresión de los mismos. Esos sentimientos no son unívocos, ni definibles, e incluso son contradictorios. He aprendido, con los años, que esos sentimientos no deben tomarse al pie de la letra, esto es, que querer a las personas es más que sentir siempre empatía y amor hacia ellas a todas horas, y que por sentimientos de malestar que a veces vengan no se va a dejar de quererlas. A fin de cuentas las relaciones comunitarias se basan en un diálogo, que no siempre lleva a un común acuerdo directo, sino que hay que ir encontrando los términos de entendimiento.

6) En la ética comunitaria todo es dialogable, porque se parte de sujetos individuales que desean llegar a un común acuerdo de convivencia y amor con los demás, acuerdo que se basa en el don y en la voluntad de llegar a entenderse.

7) Esos sujetos individuales que hablan tienen una corporalidad, una privacidad, una entidad por sí mismos. Son Juan, son Marta, son Nieves, etc. Y esas corporalidad es innegociable. Esto es, Juan, Marta, Nieves hablan para entenderse basándose en la voluntad de hacerlo y en el don que ofrecer (el cual se va construyendo poco a poco), pero Juan, Marta, Nieves no pueden negociar con su propio cuerpo, porque desde ahí no se basa el entendimiento del diálogo y el don, ya que sin esa integridad corporal no existiría, estaríamos hablando, entonces, de mercancías. Marta no puede dar su hígado a Juan para entenderse y mostrar su afán de comunidad, ya que, sin su hígado, que forma parte de su cuerpo, no podría existir. Sí podría ofrecer una parte del mismo, si Juan o Nieves lo necesitasen para vivir. Y porque Marta no ofrezca su hígado a Juan o Nieves no es egoísta.

8) Otro caso, a otro nivel, Marta puede acariciar a Juan o Nieves con sus manos mostrando cómo los quiere y los considera presentes y cercanos, pero no puede estar todo el día acariciándolos con sus manos, porque tiene que hacer otras cosas, tiene que trabajar, y también desea acariciar a otras personas a las que también quiere. Y porque no esté todo el día acariciando a Juan y Nieves ellos lo van a considerar egoísta.

9) Por último, que es donde quiero llegar, Marta tiene unos órganos sexuales, que son parte de su cuerpo, al mismo nivel que todas las partes de su cuerpo, su hígado, su mano. Marta descubrió hace ya años cómo podía hacer uso de esa parte de su cuerpo para proporcionarse placer, y para dar y compartir placer con otros. Marta ve a Nieves, y, entre otras cosas, se acuestan juntas, porque se aprecian, se consideran presentes, y quieren darse placer mutuamente. Pero Marta no puede estar todo el día acostándose con Nieves, porque tiene que hacer otras cosas, tiene que ir a trabajar, y quiere acostarse también con otras personas que aprecia. Nieves no va a considerarla egoísta porque no se acueste sólo con ella y a todas horas, ya que los órganos sexuales de Marta pertenecen a su cuerpo, y a ellos no puede renunciar en su individualidad para construir una ética común, ni puede negociar con ellos, ya que se estaría hablando, no de ética comunitaria, sino de transacciones de mercancía.
Quizás Marta un día tan sólo sienta el deseo de acostarse con Nieves, porque ella ocupa todo su deseo de expresión sexual, pero eso es algo que Marta da si lo siente, es un don, no es algo que se negocie ni esté escrito en ningún lugar en la ética comunitaria, ni como obligatorio ni imperecedero.
Y esta sexualidad no pienso que deba el sujeto perteneciente a la comunidad esconderla, tabuizarla, porque es parte de su corporalidad; no creo que en la ética comunitaria de la que hablo el sujeto tenga que esconderse de los actos que pertenecen a su corporalidad como algo prohibido.

10) Así que pienso que todas las personas dialogantes deben considerar su propio cuerpo como base de la ética común, que ese cuerpo es innegociable en una ética social, y que negociar con el mismo no es algo comunitario, sino todo lo contrario, dar entrada al fetichismo de la mercancía y a la propiedad privada propia del capitalismo.

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