23 abr. 2007

De la muerte y la tragedia


Ya nos cuesta aceptar o comprender, por más preguntas que hagamos y nos hagamos, la existencia de la muerte en el caminar de la vida. Ya nos cuesta comprender el salto cualitativo que hace que una persona, en apenas unos segundos, haga un viaje tan largo que no tiene retorno. Ya nos cuesta hacernos a la idea de que en el caminar de la vida es la muerte la que está de cuando en cuando presente, impertérrita, diciendo cuál es la condición humana.
Pero qué decir de la tragedia. Edipo, Medea, todos aquellos personajes de la tragedia clásica de los que Aristóteles decía han venido también para enseñarnos de la vida. El espectador, náufrago, se da cuenta, en un proceso de catársis, de que existe y forma parte de la vida la tragedia, y de que nadie la merece (y quizás quien menos lo merece, es quien sufre la tragedia). Y sin embargo así es, la tragedia está ahí, nos habla, nos dice, nos muestra que no existe una ética posible desde su lenguaje, como con la muerte. Podremos ser de una forma u otra, pero todos somos susceptibles de que llegue a nosotros o a nuestras personas amadas la tragedia. Ya nos cuesta aceptar o comprender la muerte, ya nos cuesta aceptar o comprender la tragedia. Así el caminar humano es un lugar de autoengaño en el que la única condición para vivir es poder vivir como si (al estilo de la ética kantiana) no existiesen esa muerte y esa tragedia. Y sin embargo de cuando en cuando la vida de otro nos recorre en dolor con la presencia de esa muerte, como una espada de Damocles que atraviesa el corazón sin ser susceptible de ser juzgada desde una ética.

2 comentarios:

Rosa dijo...

La muerte, quebradero de cabeza de muchos grandes pensadores, inspiración poética para los románticos dando sentido a un amor que sin la muerte del amado no había enaltecimiento la pura e inmaculada imagen del objeto de ese amor.
La preocupación constante de la humanidad, el motor de ciencias medicas, origen de la estética, meta inalcanzable de la inmortalidad.
Es el miedo a esta cara de la moneda lo que nos ha hecho en parte evolucionar, protegernos creando sociedades y familias.
Aunque estos razonamientos enmascaran el dolor de la perdida, de la soledad, el pánico absoluto que nos envuelve en las noches oscuras.
Pero sin embargo el merito de la humanidad es ser conscientes de su propia muerte ( a diferencia de otros animales) y seguir viviendo, no dejarse llevar por el temor, por la hipocondría del dolor físico, mental o emocional, luchar por continuar existiendo con la compañía constante de esta oscura dama. Esa fuerza interna es la que debemos inflar que no nos domine los innatos miedos y recordar lo admirable que es superar toda adversidad sobreviviendo día a día.
Vivamos disfrutando del manaña y recordando con dulzura el ayer.
Y aunque toda perdida es difícil, el derecho a llorarla y a velarla en duelo también nos pertenece, intentando dibujar una sonrisa y perpetuando el cariño del pasado.

Nieves Soriano Nieto dijo...

Mil gracias, Rosa, de nuevo, por tus reflexiones. Eres una persona fantástica, con ideas, y qué ideas!! Te admiro.