22 oct. 2006

Sin poder olvidar un solo segundo de Oriente


Acabo de ver la película Le long voyage. Ese hijo que acompaña a su padre para peregrinar a la Meca. No sabéis cuán afectada estoy por esta película, todos los recuerdos de Yemen, las suras recitadas del Corán, los pasos por el desierto, todo para llegar a morir en el lugar que uno decide, siendo la muerte ese acto solitario.
No puedo dejar de pensar, recordar, sentir las vivencias, creo que cuando uno siente Oriente desde tan dentro queda afectado toda su vida, una línea roja le divide el corazón.
Me gustaría peregrinar al desierto con las personas que quiero, y observar la mirada en una tormenta de arena, mientras se escucha, de fondo, el susurrar en la interioridad de una ciudad atravesada por las llamadas al rezo de todos los muaizines, desde todas las mezquitas, desde cada rincón, desde cada latido.

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