8 may. 2012

Fragmentos geosféricos XXX

 
Tragicomedias lunáticas

Vivimos en una cultura, la de la tragedicomedia, en la que las personas más aceptadas son aquellas que se dedican a hacer un drama de las cosas cotidianas. Amores perdidos, pequeños dolores físicos, deben ser cocinados con grandes sazones para que el resto de personas sepan que "aquello-por-lo-que-estamos-pasando" es muy duro. Así, algunos se lo cuentan a los amigos o compañeros de trabajo y otros escriben lo que ellos consideran grandes obras literarias que serán premiadas por otros a los que esa persona ya premió. A fin de cuentas el mismo impulso: la falta de dignidad y la obscenidad insultante a las personas que realmente viven una vida difícil. Lo importante es, pues, que se vea de cara a la galería que la vida hay que mínimamente "sufrirla".
Sin embargo, tan falsa es esta cultura tragicómica que las verdaderas tragedias las ocultamos tras un velo social para que no se vean. Por ejemplo, retiramos a los ancianos desvalidos de la vida pública, haciéndoles perder todo tipo de autoridad, estigmatizamos el hecho tan natural de tener hijos porque compite contra nuestro ego, damos de lado a las personas enfermas mentales, con cáncer o sida, e incluso no sabemos reaccionar más que huyendo ante una madre que ha perdido un hijo, un hijo que ha perdido demasiado pronto a un padre o una persona que se ha quedado minusválida tras un accidente de tráfico.
Y, díganme, ¿acaso esta vida no puede ser disfrutada en las pequeñas cosas mientras no nos pase una tragedia? ¿Acaso no podemos por fin dar el paso para declararnos dionisíacos cuando realmente no nos sucede nada que nos impida disfrutar de la vida? ¿Acaso si yo escucho de la misma forma las pamplinas tragicómicas de los actores histriónicos estaría siendo justa con todas esas personas a las que escucho y que realmente viven una tragedia? Permítanme que desmonte el escenario ambulante de los actores de poca monta.

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