4 sept. 2012

Fragmentos geosféricos ILV

  
Sabiduría

Vivir es aprender a hacerse sabio por la fuerza de las circunstancias. La sabiduría se ha tratado de definir tantas veces a lo largo de la historia del pensamiento que, a fin de cuentas, uno acaba por concluir que no existe una forma única de entenderla. Pero también queda claro que, por tanto, cada cual debe construir su propia manera de interpretarla.
No son muchos años los necesarios para intuir cómo es la forma interpretativa de uno mismo. Es más, no son muchos los que se necesitan para observar qué personas de las que nos rodean no son sabias ni ejercen la sabiduría. 
Por ello, la sabiduría, en tanto observable y ejercida, es una cuestión de actitud, es decir una cuestión ético-moral. 
En tanto actitud ético-moral, no podríamos decir que los niños poseen sabiduría alguna, porque actúan por deseos y por instintos únicamente, es decir, no tienen grandes intencionalidades. Y así los excusamos por ciertos actos que en un adulto serían inexcusables. 
La sabiduría es una cualidad que corresponde a los adultos con una cierta madurez adquirida. Podrían pensar ustedes que la madurez adquirida la brinda la experiencia. Pero no creo que sea ése el punto clave. Dado que existen numerosos adultos experimentados que no ejercen ningún tipo de sabiduría. Desde mi punto de vista, la sabiduría la adquieren los adultos experimentados que son capaces de asimilar, aceptar y amar tres cuestiones claves: 1. Su aquí y ahora, 2. Sus límites y posibilidades y 3. Su pasado.
El aquí y ahora lo brinda la circunstancia del presente. Nosotros deseamos, proyectamos, ejercemos la tarea de cambiar las circunstancias si no nos son favorables o si nos desagradan. Pero el deseo, proyecto y ejercicio de cambio de una persona sabia se ejerce con la paciencia que da un proyecto a largo plazo. Quiero decir, un adulto sabio es capaz de asumir cuál es su presente, aceptarlo y amarlo, y a su vez tiene como proyecto llegar a cambiarlo. Sin embargo, un adulto no sabio no acepta lo que tiene, ni lo asimila, ni lo ama, porque desea el cambio ya, sin dedicación o esfuerzo alguno. Y así vive inmerso en una frustración constante.
Por otro lado, en el amor al aquí y ahora y en el proyecto de cambio la persona sabia es capaz de conocer sus límites y posibilidades, es decir, se conoce ya de antemano a sí mismo. 
Así, vive en unión consigo mismo y con sus circunstancias. Pero no sólo las circunstancias presentes, sino también las que lo han hecho ser lo que es, su pasado. Es decir, aquellas circunstancias con las que ciegamente fue actuando y forjando su aquí y ahora.

2 comentarios:

Ana Cuéllar dijo...

Interesante reflexión.Apela al sí mismo,a la individualización y al aprendizaje a través de la experiencia, que son los retos o lecciones que la vida nos pone en nuestro camino para que alcancemos la verdad de nuestra naturaleza esencial necesaria para alcanzar la sabiduría.

Nieves Soriano Nieto dijo...

Muchísimas gracias por tus palabras, Ana. ¡Qué bien lo has aclarado! Besitos.