18 ene. 2015

Fragmentos mamíferos LXIX



Permitirse ser la raíz

Mi maestra de Tai Chi siempre me repite que hay que hacer las cosas enraizado, incluso cuando hagamos una forma de Tai Chi en agua, rápida, es necesario tener los pies bien anclados en la tierra, cuando estén tocando la tierra. Desde que comencé el Tai Chi, hace ya un año y medio, mi mayor batalla ha sido para enraizarme, porque comencé el Tai Chi siendo muy vaporosa. Ahora que ya he conseguido hacerlo desde la raíz, tras haber pasado por el proceso médico que he librado, me he dado cuenta de que para poder dar el punto definitivo al enraizamiento es necesario conectar con tu fuente, con lo que tú eres dentro, en tus vísceras, tu corazón, tu ser animal. El animal vive en la tierra, adaptado a ella, vive en su naturaleza. Sin embargo, el ser humano crea miles de formas artificiales de vida y de comportamientos, y hace reglas de todo para separarse de la naturaleza. 
Así pues, estoy librando el camino hacia esa fuente. Las normas y reglas siempre me han creado bastante alergia. No me gusta que me pongan las reglas del juego otros. Mi actitud ante la normatividad en exceso siempre ha sido la rebeldía y desobediencia absolutas, incluso en contra de mis propios intereses en ocasiones. Sin embargo, rebelarse y desobedecer sin más me he dado cuenta de que no me permite hacer el camino a la raíz, ya que me mantiene enganchada al discurso normativo y la batalla en contra de él. 
Lo ideal es permitirse. Permitirse de forma humana obviar las normas sin molestar a otros o incluso molestándolos -ya que somos humanos y no máquinas-. Permitirse, por ejemplo, comer con las manos, tocar el alimento. Permitirse dejarse penetrar por el aire, por las experiencias, por la vida. Permitirse brotar el deseo con las normas que él quiera tener, permitirse equivocarse, permitirse aceptar, permitirse amar desde la raíz, permitirse el juego, lo infantil, permitirse dolerse, llorar, permitirse cabrearse. En suma, permitirse ser lo que somos, sin intentar dar una definición única y racional a nuestra esencia. En el momento en que nos permitimos, también permitimos al otro, le permitimos jugar, dolerse, llorar, desear con las reglas que su deseo quiera tener, equivocarse, aceptar, cabrearse, comer con las manos, dejar o no penetrarse por las experiencias de su vida, vivir normativamente o en armonía con su ser animal, con su fuente. Cada vida es única. Cada cual vive y sobrevive a su manera.

2 comentarios:

F. Jarauta dijo...

La lección de tu maestra de Tai Chi sugiere el regreso a las formas primeras, naturaleza, al momento aquel en el que lo natural decidía todo tipo de relación, en este caso con el alimento...vendrán después los rituales de la vida, de la cultura, con sus convenciones y códigos...
Un feliz regreso ya lo intentó Robinson y los viajeros del bosque... y no les fue mal... es una suerte de renuncia y purificación, un ahorrarse las máscaras.

NSN dijo...

¡¡Gracias, Jarauta!! Un poco de dosis de Robinson en la vida nunca viene mal :)