8 oct. 2007

Paula Rego



Ahí estaba, escondida tras un lugar de la nueva ampliación del Reina Sofía, Paula Rego. Casi sin aliento por los paseos agotadores por un Madrid infinito, uno entra, y se encuentra con ella. Sí, se cruza el umbral de la sala y comienza el universo social y esperpéntico de la crítica Paula. Nada más entrar, la escena pintada recientemente retratando a Olga, refugiada alemana, acompañando a la dama con su pequeño instrumento de cuerda que no se sabe de qué forma da una nueva oportunidad vital a la niña. Ahí está, impactante, marcando dos direcciones inconmensurables que llevan a dos mundos completamente diferentes: la Paula joven y la Paula mayor, como su Joven República y su Vieja República, que también dignifican la entrada a la sala.
Y uno decide comenzar la historia por el final; gran elección. Ahí van surgiendo, desde los pasteles hasta los rápidos trazos de una mina de plomo, las grandes realidades de la Portugal de la época, heredera de las políticas de Salazar. Personajes de una realidad extrema que expresan, herederos del expresionismo, la gran contradicción y oscuridad de su interior; mujeres bailarinas de negro, grandes y deformes, que dialogan críticamente con las que años ha pintaba Degas para dignificar las actividades de la burguesía de la época; hombres encarcelados viviendo con lo mínimo, militares perversos, padres de familia derrotados por el Estado, todos mezclados con el ámbito de lo monstruoso que aparece aquí grotescamete señalando los horrores, las perversiones y las mentiras de una parte de lo humano. Así se llega al maravilloso Ángel, representado por una gran mujer de su casa, vestida con su traje tradicional, y que ostenta una esponja en una mano y un puñal en la otra (siendo éstas las dos facetas de la "liberté" de la madre salvadora del mundo, tan ángel como demonio).
Una exposición fantástica que dialoga con toda la tradición clásica de los que no abogaron por lo canónico. Grandes cosas que aprender; pequeños y grandes momentos, como los paseos agotadores por el Madrid infinito.

2 comentarios:

Rosa dijo...

Gracias querida por ampliarnos la enciclopedia de mujeres con expresión, con revolución. Esta mujer que nos muestra su vida, sin idealización con todo el golpe realista de su época. Y aunque sus lienzos son impactantes por una asimetría y un esbozo real de la cara humana, sin más adornos que el recuerdo a veces de su infancia para plasmarlos. Gracias amiga de nuevo, por dilatar nuestra cultura y quitar el polvo de la pereza, empujándonos a la curiosidad de lo que nos rodea.
Suerte tienen tus alumnos (aquellos que sepan verlo). Que todo te vayan muy bien.

Nieves Soriano Nieto dijo...

Rosa, querida, muchas gracias por tus palabras de ánimo que abren, como siempre, el camino a la feliz vida.
Ojalá pudiéramos crear siempre ese ámbito de curiosidades.