30 sept. 2007

El Tucán Convicto


El Tucán convicto pasa sus horas en la cárcel de Villena. Haciendo la revolución para la liberación en la República Bananera fue cogido preso con una condena de cinco años. ¡Pobre Tucán convicto! ¡Tan ético y acabó en la cárcel! Y es que ya sabe Teresita que no toda la justicia en el mundo es precisamente justa. Teresita conoció al Tucán convicto en una de sus visitas a la cárcel de Villena, porque iba a ver a su primo el Gabago, que por alguna travesura, y por comerse unos huevos, había acabado entre rejas. Pero el Tucán convicto, a diferencia del Gabago, seguía siendo muy ético. Teresita pensaba que ese probre Tucán podría ser uno de los personajes de un film de Tarantino, en los que a veces a un culpable cuesta declararlo moralmente culpable. Son los límites de la ley, sí, pensaba Teresita. El Tucán convicto tenía varios planes de fuga. A pesar de haber recibido los planos de la cárcel para encontrar las salidas asequibles, el Tucán convicto decía que prefería fugarse legalmente, sí, a fin de cuentas quería, como Sócrates, cumplir la ley de su polis, que era la que, fuese justa o injusta, lo había condenado. Esos cinco años serían duros para el Tucán convicto, así que ya había pensado cuáles eran las posibilidades de reducir la condena. Él, Tucán entre los tucanes dignos, en primer lugar se apuntó a las clases de yoga que impartían en la cárcel. Sí, quería ser sabio, quería poder controlar sus emociones y pensamientos para no dar un paso en falso durante su plan de fuga legal de la cárcel de Villena. Todo comienza por ser yogui, y no el oso precisamente.
Después, visto que estamos en pleno septiembre, el Tucán convicto llegó a tiempo a la preinscripción para la matriculación en el cupo de convictos en la Universidad a Distancia. Quería estudiar Historia de la Arquitectura, Historia del Arte e Historia del Diseño del siglo XX. Así, según le habían relatado, podría reinsertarse en la sociedad al salir después de los cinco años de condena. Sin embargo, él pensaba que esa condena se reduciría, no sólo por su buena conducta, por estudiar en la Universidad a Distancia o por hacerse definitivamente yogui, sino por el hecho de poder acceder a un cuerpo superior, según lo establecido en el contrato penal que había firmado. Así, pues, el Tucán convicto pidió a Teresita que le comprara una alfombra para poder hacer más intensamente los ejercicios de yoga físico, y así adquirir un cuerpo maravilloso que pudiese ser juzgado por el tribunal de liberación de la cárcel de Villena como apropiado para defenderse en la vida real más allá de los barrotes.
Teresita, al ver la injusticia tan justa que sufría el Tucán convicto, decidió echarle una mano. Y así, todos los días, estuviese donde estuviese, esta lagartija iba a pasar las tardes con él, para ayudarle a coger ánimo para romper el muro de la historia.

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