27 sept. 2007

A los héroes anónimos que trabajan por la sociedad

Muchas veces nos preguntamos por qué existe cierto pesimismo arraigado entre las personas que trabajan en el ámbito de lo social: médicos, profesores, funcionarios de prisiones, terapeutas ocupacionales... Y al mismo hacernos la pregunta tenemos un planteamiento equivocado. ¿Es el pesimismo lo que aúna las conversaciones entre esas personas, héroes anónimos que luchan por la sociedad? No, ni tampoco la desesperanza. Lo que ocurre es que cada una de esas personas día a día ven la realidad social tal y como es. Nosotros, los que no trabajamos con la sociedad, creamos a fin de cuentas una serie de relaciones basadas en una afinidad. Procuramos tratar con las personas más cercanas a la forma de pensamiento, hacemos, a fin de cuentas, que el mundo, que es nuestro mundo, se convierta en el cómodo espacio reducido en el que podemos creer que todo en la sociedad es como lo que nos rodea. Sí, sabemos que existen otro tipo de personas, sabemos que existe el África subsahariana, sabemos que existe gente en el mundo que muere de hambre, sabemos que existe el maltrato familiar, porque lo vamos viendo en noticias aisladas en la televisión. Sin embargo, creemos que todo eso está ahí, lejano, que existe, pero allá, y, por tanto, no sabemos medir cuál es su carácter real, además de que muchos cómodamente procuramos construir una vida en la que no tengamos que vivir viendo que esos problemas sociales existen. Sin embargo, esos héroes anónimos que trabajan en lo social se encuentran con la diversidad más radical en sus trabajos: desde las buenas personas hasta las malas personas, ven cómo funciona el maltrato familiar, cómo son los casos de acoso escolar, ven qué significa pasar hambre y necesidades, etc. Y en la medida en que pueden valorar el todo desde él mismo, no es que sean pesimistas, no es que piensen que la sociedad va de mal en peor (como algunos de estos héroes anónimos hacen creer con su discurso). Lo que ocurre es que son visionarios, no por predecir un futuro, sino por ver de lleno qué significa la diversidad en su plena radicalidad, con lo positivo y lo negativo. Y sin embargo siguen haciendo su labor social. A ellos, a nosotros, quería dedicar este homenaje de hoy.

2 comentarios:

Maximino dijo...

Pero además esos héroes cotidianos de lo social necesitan para su labor cubos de plástico, jeringuillas, ideas, alcantarillados, camiones, papeles, tomates, satélites... El ingenio, el esfuerzo, la ambición, la distribución comercial...en definitiva el trabajo acumulado de todos los demás héroes que los respaldan.
Cabría preguntarse ¿quién es el genio planificador para que todo eso funcione? ¿a quién debemos erigir una estátua?. No miremos hacia arriba. Somos nosotros, codo con codo, los que luchamos contra la entropía en medio de este caos, de este orden inmerso en la complejidad. ¿quién dirige los cardúmenes de peces en sus precisos movimientos?. En el fondo no somos muy diferentes. Nuestra supervivencia y prosperidad depende de nuestra colaboración. Para prosperar individualmente tenemos, necesariamente, que hacer prosperar a los demás, independientemente de nuestras intenciones previas. No hay intercambio si no hay beneficio mutuo.

Maxi

Nieves Soriano Nieto dijo...

¡Cuánta razón llevas, Maximino! Es increíble cómo hemos sobrevivido gracias a la cooperación humana, más allá de todos los intereses, o con todos los intereses. A los tucancitos monstruitos se lo digo: no somos individuos, no hemos sobrevivido por ser individuos, tristes y físicamente inadaptados, sino por aunarnos y cooperar en sociedad, y, para ello, existen las normas que a base de la paciencia, y cuánta, vamos dando y mostrando. ¡Pero mira que hoy no me queda ni un tomate en el frigorífico!