22 sept. 2007

Los Tucancitos monstruitos


Teresita volvió al colegio en un día de septiembre. Sabía que este año le costaría especialmente, porque le dijeron que ya había superado los niveles educativos más fáciles, y que ahora vendría lo complejo al entrar al instituto. Y ella, sacando la lengua, juguetona, hacía pedorretas mientras caminaba hacia las clases. Estaba muy feliz con su cartera nueva y sabía que conocería nuevos tucanes para hacer la revolución. Abrió la puerta, pasó a sus clases, se colocó en el lugar donde más se le veía (y eso que solía pasar desapercibida por ser una pequeña lagartija sigilosa), y comenzó a charlar de todo con todo el mundo. ¡Qué curioso!, pensó Teresita, ¿cómo podía haber tantos tucanes allí reunidos, grandes personajes de la rebelión, y excelsos revolucionarios?, ¿y cómo podían estos tucanes ser tan especialmente extraños? Teresita antes sólo había conocido a los tucanes mayores, a esos que ya saben qué hacer en la vida para hacer la revolución. Sin embargo ahora, Teresita, desde que entró al instituto, conoció a esos pequeños tucancitos monstruitos que tenían tan impregnado el gen de la revolución, que la hacían por todos los motivos habidos y por haber. Y Teresita se asustaba a veces de ver tanta rebelión junta, pero sin embargo sabía que contándoles todas las historias de los Tucanes grandes, y las revoluciones que éstos habían hecho, podría ayudar a que esos genes de la revolución tan a flor de piel de los tucancitos monstruitos se conservasen en algunos de ellos en el futuro para hacerlos las maravillosas personas que los Tucanes pueden ser.

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