6 mar. 2007

Miwako Yamaguchi. Kiiro


Durante estos días hasta el 13 de abril se exponen en el centro cultural Puertas de Castilla en Murcia algunas de las obras de Miwako Yamaguchi, bajo el título de Kiiro (Amarillo). En torno a este concepto se han reunido algunas de entre las numerosas obras que la artista ha realizado en torno a ese color. Desarrolladas en la sala a través de una intensidad que va in crescendo desde los amarillos más oscuros, casi negros, hasta los amarillos intensos, el espectador va observando a través de una inmersión cada vez mayor en las sensaciones directas de un color difícil de tratar desde el punto de vista artístico. Todo a través de temáticas como bodegones, retratos, manos trabajando en la escritura, o partes consuetudinarias de la casa, como puede ser un sofá.
Lo especial de la pintura de Miwako no es sólo que se atreve a trabajar con el amarillo, que combina con otros colores, como el verde, el negro, e incluso con la ausencia de color en el lienzo virgen, sino que la combinación con ellos produce una sensación de estabilidad situada en las fronteras de un color que de por sí vibra como inestable. Así lo señala Francisco Jarauta en este fragmento incluido en el catálogo de la exposición:
Si el azul es el primer reflejo de la luz en la materia –“en el azul sagrado suenan pasos de luz”, escribía Trakl-, el amarillo es el color de la tarde. Ilumina las cosas en el momento de su partida o desfallecimiento, antes del abandono de su aparente estado natural, en ese instante peligroso en el que hace enloquecer el propio límite, abismándose en el espacio infinito e innombrable. Es él quien nos recuerda que toda cercanía es también distancia, como todo encontrarse un perderse y toda aurora un ocaso. « Ah! Le soleil se mourant jaunâtre à l’horizon ! », que anotaba Van Gogh en sus cuadernos de Arles. A la serena ironía del azul, opondrá el rayo devorador de los amarillos de la tarde, como si antes de abandonar las cosas, quisiera incendiarlas, transformándolas así en puro resplandor.
A pesar de estar observando los amarillos, el espectador siente la plácida sensación de tranquilidad que puede crearse incluso en los límites de lo definible. Entonces Miwako introduce el trazo nervioso simulando algunos signos de la escritura oriental, y la vibración adquiere la placidez que crea la mezcla de perfectamente combinada de las culturas.

4 comentarios:

Tooru Okada dijo...

Qué maravilla. Esta tarde me planto allí con toda la familia.

Laico japonés dijo...

Nieves, nunca había oído hablar de esta artista japonesa...he intentado informarme sobre ella en páginas web japonesas pero no la he encontrado, es que como su nombre es escrito en rômaji,hay demasiadas posibilidades de ideogramas correspondiente a su nombre...como intentamos una vez para buscar un nombre de alguien.

Nieves Soriano Nieto dijo...

Laico japonés, es una artista japonesa que vive en Murcia desde los años 70. No tiene página web, creo, lo único que puedes buscar es sobre ella en rômaji, supongo que antes de los 70' todavía era joven para ser conocida en Japón, y ahora es más que murciana. Si buscas su nombre tal cual en rômaji en el google, te saldrá alguna información.
Hasta pronto, Keiko

Nieves Soriano Nieto dijo...

Tooru Okada, espero que la visita con la familia se llenase de nuevos conocimientos, y que escucháseis en la visita el ritmo de la vida como el pájaro que da cuerda al mundo.