31 oct. 2009

El lamento de Dido



S
egún relata la Eneida, con la caída de Troya, Eneas y los supervivientes, tras años de navegación, llegan a Cartago. En ese reino gobernaba Dido, la que les brindó una calurosa acogida. Dido y Eneas, gracias a la acción de Cupido y la alianza de Juno y Venus, comienzan inevitablemente a sumergerse en las aguas del amor. La decisión racional de los dioses sobre este amor queda argumentada por el interés de que Eneas se instalase definitivamente en Cartago.
Sin embargo, el destino de Eneas era otro diferente al de quedarse junto a Dido. Había nacido para fundar Roma. Ni el amor puede ser contrario al destino, ni puede luchar contra el peso de tener una tarea política. Fundar una ciudad sigue siendo más importante que amar, porque en aquella época el ser humano no es más que parte de esa ciudad, y no individuo de corazón y subjetividad.
De este episodio Henry Purcell pudo mostrar el lado trágico en su ópera Dido y Eneas (1682). Trágico en tanto que el deseo del amor se ve frustrado por unas circunstancias que hacen imposible que siga adelante, siendo estas circunstancias inmodificables e incuestionables.
Aquí les dejo con la parte final de esta ópera (representada por la compañía de Mark Morris), con el lamento de Dido al ver la inevitable partida de su amado.
Lloren pues para sentir ese ámbito trágico de ciertas caras de la vida, porque en él se refleja la verdad del ser humano.

2 comentarios:

Ana Cuéllar dijo...

El drama eclosiona el sufrimiento, escuela dura de aprendizaje, marcada por el destino, que es como las asignaturas que debemos aprender(en esta encarnación), buscando la compresión del mensaje, conocimiento y verdad que encierran y que nos llevarán a desarrollar, elevar nuestra inteligencia y visión de nosotros mismos, del mundo, de la vida, al fin y al cabo,. Una/o puede recrearse en el drama o sucumbir a él o superarlo transmutántolo siendo objetivo, íntegro, honesto consigo mismo. La ópera con su intensidad dramática nos permite la catársis y enfrentamiento con la verdad que encierra cumplir nuestro destino.

Nieves Soriano Nieto dijo...

Gracias, Ana, por tus palabras. La vida es enfrentarse a las tragedias que ella misma nos va proporcionando -entendiendo tragedias como situaciones que nos conducen inevitablemente a unos hechos no deseados-. Y enfrentarse a ellas, ciegos humanos, con su pequeña catana y buscando los caminos para ser felices es la tarea de estos revolucionarios seres humananos.