24 ene. 2007

Qué, quién, cómo, cuándo, dónde, por qué...


"Usted ya no es ciudadano de este lugar"- así sentí que me mostraba un dedo impávido como el de un dios de Miguel Ángel en este último viaje a París. Entrando al metro ya no se tiene la tarjeta de todo el año, sí, aquélla que daba el pase digital a través de un chip a todos los lugares en todos los tiempos del subsuelo de esa ciudad. Entrando al museo tuve que hacer por primera vez toda la cola de los extraños, de los extranjeros, de los que pertenecen a la alteridad de la ciudad, aquéllos que fueron llamado los "bárbaros" por los antiguos griegos. Ya no tenía la tarjeta que da pase a todo el año para visita a todos esos museos, ésa que, como la del metro, da la libertad del ser ciudadano, del pertenecer al lugar que se camina, del definir unas fronteras con un trazo en el que se está dentro o fuera. Todos esos dígitos que definen la identidad y el origen, los que están en el DNI, que dicen de dónde se es, quién se es, hijo de quién, donde habita, y cuándo caduca y debe renovar su pertenencia. Sin embargo, ya lo saben los habitantes de las fronteras, no es posible definir con una línea clarificada cuáles son los límites de lo propio y lo ajeno. Fui ciudadana de París sin serlo, y ahora no lo soy siéndolo. El corazón es mucho más poroso de lo que definimos, las identidades, la sexualidad, el origen, la pertenencia. París forma parte de la vivencia, ¿por qué preguntar si es o no es, si está o no está, si es ahora o no lo es más? Si planteamos los polos como excluyentes el uno del otro, como planteaba Nietzsche el desarrollo de la cultura griega (o bien es Apolo, o bien es Dionisios), nunca sabremos hablar de nosotros. Apolo era el dios de la sabiduría, constructor, y sin embargo destructor, preso de la manía. ¿Acaso eso lo hacía dejar de ser el dios de la sabiduría?, ¿acaso se regía la misma por una necesidad de razón constructora, oponiéndose al opuesto al que lo hemos contrapuesto en las interpretaciones? Si hablamos desde las líneas establecidas, si hablamos de fronteras clarificadas, de aquí o allá, de ser o no ser, de pertenecer o no pertenecer, de amores excluyentes, de posesión, no hablaremos nunca de lo que somos, sí, somos más que todo eso, somos seres humanos, y es tan sólo radical la tarea de luchar por hablar de lo que está más allá de las formas encosertadas, es la tarea ética que desde la libertad inventa los conceptos y la vida que puedan dar un lenguaje en el que al fin nos sintamos nosotros mismos.

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