5 jul. 2007

El médico


El médico, extraño ser al que nos enfrentamos de manera poco grata, sobre todo cuando existe un tremendo dolor. Parece que el médico, como el profesor, por el simple hecho de haber estudiado, hecho los años de MIR y haber aprobado una oposición tiene un estatus superior, casi de mago de la tribu. Sin embargo, todos sabemos que ni a los profesores nos evalúan la forma de dar clase a la hora de aprobar la oposición (y así nos encontramos miles de profesores patéticos en los colegios, institutos y en la universidad), ni a los médicos les evalúan la forma que tienen de ser médicos. ¿Es posible que un cirujano, por ejemplo, dude cuatro minutos a la hora de tomar una decisión sobre el tratamiento del paciente? Evidentemente no, en esos cuatro minutos el paciente puede haberse ya desangrado. Ya sabemos cuán pocos segundos separan la vida de la muerte.
Después están las diferentes teorías, de las que culturalmente, queramos o no, somos herederos. Gracias a la maravillosa herencia cultural del cristianismo, parece que el dolor debe ser bienvenido en la ética de la dignidad de la vida, y todos debemos enfrentarnos al dolor como parte de esta supuestamente vida de torturas hasta que consigamos un paraíso tan prometido, que nadie ha visto. Los médicos, junto al cuadro en el que aparecen, deberían señalar a qué tipo de concepción o paradigma pertenecen. "Señores, quien se acerque a mi consulta, hasta que se le dé una solución práctica o posible a un problema resoluble en unos minutos con cirugía, que es lo que yo sólo puedo hacer, y no ustedes, tendrá que pasar por una media de seis meses a un año de dolor. Así se prueba la dignidad de esta vida". Vale, vale, lo que usted diga, señor. Me olvido de los calmantes, antiinflamatorios, morfinas, y demás, se sufrirá valientemente hasta el momento de la muerte, que será causada no por la propia enfermedad que se padece, sino por la misma desesperación, que puede llevar a grados de locura, suicidios y demás deseos o necesidades. Sí, si sobrevivimos a la locura, realmente, señor digno, estamos muy adaptados a los momentos de esta vida de sufrimiento.
Y luego se pretende que no tomemos opciones alternativas, otro tipo de medicinas, se pretende que no se consideren medicinas lógicamente válidas por el paradigma de poder de la ciencia imperante. Aclárense, por favor, no piensen que los pacientes que nos acercamos a ustedes no hemos leído la historia del desmentimiento de las verdades de la ciencia, desde Nietzsche a Foucault. Hemos sido también educados por la herencia ilustrada, y ya no somos enfants de la patrie, sino que rompemos las banderas a bocados a favor de la lucha revolucionaria por una ética y una política de otro mundo que sí es posible.

3 comentarios:

Francisco Jarauta dijo...

Sin duda alguna, el lenguaje de la medicina es uno de los lugares modernos en los que la distancia entre médico y paciente ha llegado a límites extremos.
Por una parte, un discurso construido técnicamente desde un saber cada vez más lejano e inalcanzable; por otra, la impotencia del enfermo a descifrarlo.
De nuevo se repite aquella relación mágica en la que lo religioso y transcedente ocupa el espacio de las relaciones con la enfermedad, si bien hoy planteadas de forma distinta. Al discurso del médico sigue la mediación farmacológica. El saber del cuerpo ha dado lugar a una diversificación infinita de productos que ocupan el lugar milagroso de la cura. Quien administra estos extremos posee la verdad y el poder que le acompaña. Son los procedimientos, dirá Foucault, con los que se administra un saber y sus formas disciplinares. La institución médica es la última instancia en la que los rituales del ejercicio de la cura se ven acompañados de la
legitimidad creciente de su distancia y opacidad. La mirada sobre el cuerpo ha construido todo un espacio discursivo que hoy ya es uno de l os laboratorios más excepcionales. Por primera vez en la historia de la humanidad estamos en condiciones no sólo de curar, sino de intervenir en el destino mismo de la especie humana. Se abre un mundo que necesariamente modificará las formas de la medicina moderna.

Nieves Soriano Nieto dijo...

¿Dónde están aquellos médicos de la medicina árabe de los omeyas? ¿Dónde están esos que dibujaban los turcos? Mil gracias, como siempre, amigo.

ivecoghi dijo...

Me pareces que tienes el Sindrome de Adriano... El medico tambien es persona y hace lo que puede por el paciente, no creas que todo acto medico es mal intencionado, no todo es asi