11 jul. 2007

Tifón


Hace escasos días, mientras despistadamente la lagartija Teresita observaba pasar tras de sí las horas sin contar las que quedaban para llegar a sus vacaciones, llegó la oscuridad a la guarida que había tejido bajo tierra. ¿Qué ocurría? Teresita se acercó hacia donde supuestamente debía estar la salida, palpó con su cola, y sintió una dureza llena de pequeños agujeros, quizás marcas, heridas, memoria del cuerpo. Al poco tiempo, la luz volvió, y la lagartija Teresita salió rauda y veloz para ver qué había ocurrido. Y entonces fue cuando, en la velocidad de la curiosidad, tropezó y topó de lleno con la pata de un caballo bellísimo, Tifón. Tifón habló con Teresita porque había oído hablar de la comunidad revolucionaria de Tucanes que estaba invadiendo el mundo, había oído hablar del falansterio de Tabarca que cuidaba la tortuga Carlota, del Tucán de Bellvitge, de Jordi el tucán barceloní, del Tucán del palmerar y del Tucán de Mojácar, y había oído hablar de aquella maravillosa y bella gacelita Thomson que Tucán acogió en la isla después de haber hecho una misión revolucionaria en la sabana africana.
Teresita lo miró con ojos dulcísimos, era un caballo precioso. Su belleza no estaba sólo en que tenía los cabellos largos y sedosos, unos ojos inmensamente grandes e inquietos, sino en las palabras que dijo. Tifón dijo que deseaba unirse a la revolución, porque él era muy revolucionario, y que, para hacer la revolución, siempre había estado trabajando de currante en todo aquello por lo que creía. Sí, Tifón lo hacía todo, sabía de todo, había sido de todo, no le importaba trabajar y trabajar si era por la revolución, había sido profesor de potrillos revolucionarios, había sido y seguía siendo el jefe comunal de los caballos luchadores en contra de la domesticación, arrancándose las herraduras y los corsés impuestos, y tantas otras cosas más. Tifón dijo a Teresita que quería hacer de todo para la comunidad de Tucanes, ayudar a transportar los libros y ordenadores que Teresita no podía sola transportar, por pequeñaja, hacia donde Teresita hacía los espionajes examinadores; de regreso, pasar por el vivero del Tucán del Palmerar y ayudar a reforestar la zona con palmeras, bajar a Mojácar y reforestar con el Tucán de Mojácar, ayudar a Carlota y a los pececitos rojos a cuidar Tabarca para que siga siendo utópica, y ser novio de la Gacelita Thomson (que entraba dentro de sus tareas revolucionarias, tanto de la Gacelita como de Tifón). Y así Teresita se hizo su mejor amiga, y le dijo que quería que la acompañara en muchas misiones revolucionarias, y que la ayudara a caminar trotando más rápido, porque así la revolución sería más y más rápidamente luchadora. Tifón era un torbellino, de inquieto lo removía todo, pero siempre encontraba lo que buscaba, siempre conseguía lo que deseaba, porque tenía una forma ética de actuar para ello. Así, Teresita se subía al lomo de Tifón, se enganchaba con la colita a la sedosa cabellera, y se iban, ya de vacaciones, a descansar juntos a Tabarca, mientras Tifón y la gacelita Thomson disfrutaban bajo las palmeras de su amor, y Teresita y Tucán del suyo. Y la tortuga Carlota buscaba nuevas hierbas con las que proponer hacer unos nuevos guisos junto a todos ellos.

2 comentarios:

Francisco Jarauta dijo...

Bienvenido Tifón al falansterio de los Tucanes. Su colaboración será preciosa en tantos viajes, idas y venidas a lo largo de la ruta de la Revolución. Todos los tucanes están encantados con el nuevo amigo y companero. ¡Faltaba él! Ahora ya se pueden comenzar a pensar nuevas estrategias y trabajos que podrán llevarse a fondo. ¡Es la noticia del día, todos hablan de Tifón, y ahí está feliz y amigo!

Nieves Soriano Nieto dijo...

Muchísimas gracias por tus comentarios, Jarauta, este Tifón es un caballo muy especial, y está ayudando mucho a la revolución por estas tierras. Me dicen que por Brasil también existen tucanes revolucionarios, ¡a ver si por la selva te encuentras alguno y me lo traes!