1 feb. 2015

Fragmentos mamíferos LXXV



Duelo

Duelos en la vida hay tantos como cosas, personas o proyectos que creíamos seguros se desvanecen. Nunca he sabido la clave para superar un duelo, pero de los que he pasado en la vida sobre proyectos desvanecidos o personas que se quedan en el camino -no hablo de los duelos de muerte, porque de esos sé más bien poco-, los duelos mejor llevados son aquellos en los que se ha seguido un proceso natural y progresivo hacia el fin, es decir, aquellos en los que todo lo que hemos podido poner de nuestra parte lo hemos puesto. Porque una de las partes más difíciles de un duelo es cuando llega la pregunta de la duda sobre uno mismo: ¿y si hubiera hecho o dicho aquello? Cuando uno ha dado todo lo que puede dar, la respuesta a esa pregunta es mucho más generosa con uno mismo. 
La segunda parte más compleja de un duelo son las costumbres, lo consuetudinario. A fin de cuentas, uno introduce a la persona o proyecto en su vida cotidiana, y los pensamientos o actos acaban por dirigirse mayoritariamente hacia ellos. Cuando cae el mausoleo es necesario tener paciencia para esperar el tiempo preciso en el que uno acaba por abrir los ojos un día y darse cuenta de que ya sus costumbres son otras. Y en ese proceso mejor es no precipitar el cambio de costumbres. Simplemente actuar, porque el propio devenir de la vida nos lleva a otro lugar.

2 comentarios:

Esther Marín dijo...

Un beso grande, cariño

NSN dijo...

Un beso grande para ti, pequeña flor de la primavera revolucionaria. Cómo me hubiera gustado estar contigo en la revolución. De espíritu y con tus palabras. Te quiero, mi ángel de la guarda.