28 jun. 2006

La gravedad


Si existen preguntas llegan todas hoy, o quizás en las noches de insomnio en las que se presentan los lugares de las sombras donde uno habita. Es imposible dormir cuando se sienten tantas fugas en el corazón. Algunas veces llega la imagen del propio corazón, lleno de flechas que arrancamos con pasión y voluntad ante las heridas, mas sin embargo los agujeros llenan el espacio del vacío que deja pasar los fantasmas de lo que fuimos. ¿Cómo son los lugares de la memoria física? La memoria del cuerpo, sus cicatrices, son lo que queda y marca el tiempo de la vida.
Hace poco un mordisco apasionado me hizo un cardenal que se va disolviendo con el pasos de los días. Los recuerdos de ese momento intenso se van diluyendo como la sangre coagulada ante la presión impertérrita de aquella boca tan amada. Y uno trata de evocarlos una y otra vez, de que no desaparezcan, de que sean presente más presente que el que se vivió en el momento, mas sin embargo, como los posos del café, caen al fondo de lo que fuimos, se precipitan por los agujeros del corazón lleno de fantasmas y sombras, que brinda y se filtra en la barra de algún bar perdido en una ciudad desértica llena de los húmedos lugares que fuimos.
Contra la gravedad no se puede luchar. A veces, al despertar y verse frente al espejo de la identidad del cuarto de baño, pensando en aquél tan precioso que adornaba algunas acuarelas del viaje a Marruecos de Delacroix, uno remarca el paso del tiempo en la memoria física de sus ojos.

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