14 jun. 2006

Tokyo Blues



Mañana dejo mis interiores, como si uno se desgajase de sí mismo, de su cuerpo, cuando deja el lugar que habita. A fin de cuentas, ya lo decía Richard Sennett en Carne y piedra, el urbanismo hace a los individuos, como éstos a aquél.
Me parece un acto de exhibicionismo mostrarles aquí mi habitación, pero, a fin de cuentas, ¿qué es un blog interno sino un acto de exhibirse?
Si alguien tiene una habitación que ofrecerme en los próximos meses, con vistas en las que se puedan sentir las historias de los interiores de los demás, estaría muy agradecida. Si además quien me la ofrezca es una persona que habla, siente, vive, sueña, que puede mostrarme algo más que el estado de cyborg en el que vivo desde hace algunos años, pues estaría todavía más agradecida. ¿Cómo pagarles? ¡No me lo pongan demasiado fácil!
Hoy he leído uno de los relatos más intensos que jamás hayan pasado por mi mirada, lo ha escrito Karla, sobre la diosa, la mujer que oculta su mirada bajo el sombrero, aquélla que se repite en la civilización occidental, que ya era sirena en la Odisea de Homero. Hoy no puedo dejar de mirar a los ojos a esa dama, me pierda o no en el océano lleno de glaciares y naufragios.

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