28 jun. 2006

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El sonido de la libertad viene cuando se mueve la velocidad en torno al oído al escuchar el viento cortado por el puño o el pedaleo. Entonces todo deja de importar, incluso la propia vida, porque las fuerzas que arrastran, y que podrían dibujarse en vectores, son imbatiles.
El sonido de la libertad no tiene forma, ni nombre. Es inefable, como los interiores.
Lo mejor sea guardar silencio, que nadie conozca lo que llevamos dentro, porque no adquiere interpretación posible.

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