31 ago. 2011

Fragmentos luminosos LXXIII


Banales palabras

¿A veces no sienten la sensación de que están cansados de escuchar discursos egocéntricos? A mí me sucede a menudo cuando me enfrento a personas que sólo hablan de sí mismas y de sus problemas. En el fondo me parecen todos ellos nimios. Llámenme sociópata, pero fíjense que en los países desarrollados las personas que suelen quejarse son las que tienen gran parte de su vida resuelta. Y aquello que no tienen resuelto es porque eligen no tenerlo resuelto -bendita libertad-.
Siempre pensé que tales personas podrían enfrentarse a dos hechos fundamentales: 

1. El primero, irse a vivir un tiempo a un país realmente pobre, donde las posibilidades sean mínimas, y donde cada momento de supervivencia sea realmente un regalo. Así pueden vivir su presente lleno de presentes con más felicidad. Ni siquiera una enfermedad se vive con tal entidad trágica mientras se pueda seguir sobreviviendo.

2. El segundo, tener un hijo, lo que permite al ser humano vivir para otro con la mayor de las generosidades posibles. No hay nada más entregado que entregar el tiempo a otro ser, sin que esto se convierta en una tragedia. Un hijo permite abrirse al mundo de una forma inocente, porque nada más que el cuidado llega a tener trascendente.

Así pues, cuando llegan a mis oídos tales quejidos, no puedo evitar desconectar los tímpanos, porque no me parecen más que un insulto a la Humanidad en toda su entidad.

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