3 sept. 2010

Eduardo Galeano


Un 3 de septiembre de 1940 nació uruguayo Eduardo Galeano. Uruguayo porque, desde la identidad, ha sido uno de los escritores sudamericanos que ha dado voz intelectual social crítica a América Latina en su relación tanto interna como externa. Las venas abiertas de América Latina (1971) fue un libro histórico que constituyó un impulso de conciencia.
A partir de ahí, la línea de su pensamiento ha seguido el ámbito de la ética-crítica. Se trata de hacer ver una voz pública que habla desde la opinión, para que ésta no se considere inexistente. Su crítica se centra en el sistema de economía capitalista, el pensamiento único, la globalización o los modelos de explotación de unos países sobre otros. Libros como Nosotros decimos no (1989), Ser como ellos y otros artículos (1992) o Patas arriba. La escuela del mundo al revés (1998) representan esta línea de pensamiento.
El gran valor de Eduardo Galeano como escritor ético-crítico es que lo hace a través de la literatura. Son historias, narraciones, personajes, metáforas o hipérboles las que nos llevan a un sistema de pensamiento filosófico.
De hecho, Eduardo Galeano es poeta lírico que, en su conocido Libro de los abrazos, escribe estos pedacitos de sueño:

El país de los sueños


Era un inmenso campamento al aire libre.

De la galera de los magos brotaban lechugas cantoras y ajíes luminosos, y por todas partes había gente ofreciendo sueños en canje. Había quien quería cambiar un sueño de viajes por un sueño de amores, y había quien ofrecía un sueño para reír en trueque por un sueño parallorar un llanto bien gustoso.

Un señor andaba por ahí buscando los pedacitos de un sueño, desbaratado por culpa de alguien que se lo había llevado por delante: el señor iba recogiendo los pedacitos y los pegaba y con ellos hacía un estandarte de colores.

El aguatero de los sueños llevaba a agua a quienes sentían sed mientras dormían. Llevaba el agua a la espalda, en una vasija, y la brindaba en altas copas.

Sobre una torre había una mujer, de túnica blanca, peinándose la cabellera, que le llegaba a los pies. El peine desprendía sueños, con todos sus personajes: Los sueños salían del pelo y se iban al aire.

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