1 oct. 2014

Fragmentos mamíferos ILI



Aposente sus isquiones

Hay algo que siempre me ha llamado la atención y que me entristece profundamente. Es la capacidad de algunos seres humanos de buscar en la vida una especie de orejeras para reducir el foco de la mirada y aposentarse y conformarse con lo que llega y lo que tienen. Suele darse en lugares donde existe una seguridad con respecto a las necesidades básicas para la supervivencia. Y sobre todo en los círculos en los que las personas tienen trabajos fijos o perennes. Esas personas suelen aferrarse a modelos y parámetros establecidos para interpretar la realidad. Necesitan conceptos fijos que les marquen cómo debe ser el deseo, cómo se materializan cada una de las relaciones humanas de su alrededor, cuál es el modelo de familia, la buena madre, el buen hijo y el buen espíritu santo. En suma qué es lo normal y qué lo patológico. Son personas cargadas de prejuicios que vierten sobre una realidad caótica y cambiante. Y para mantener esos prejuicios y juicios tranquilizadores tienen que reducir su campo de mira. Además, suelen autoafirmarse constantemente para creerse que su forma de vida es la mejor, su familia es modélica, su pareja también lo es, tienen el mejor trabajo... Sin embargo, con poco que uno sea observador, físicamente se ven los signos de la irrealidad. Esas personas suelen acumular humedad y líquidos en su cuerpo. Suelen estar hinchadas -que no gordas- y embotadas. Y es que no "cagarse" en lo establecido a veces no nos hace liberar el malestar que envenena.

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