18 feb. 2007

Hasta pronto


Es difícil dejar que se vaya alguien con quien has compartido de una manera tan fraterna unos cuantos días de convivencia. Los espacios, la colocación de los muebles, cómo quedó esto o aquello tienen los recuerdos que inmediatamente se han tornado ausencias. Siempre es más fácil irse que quedarse, y ahora me viene a la mente París, y todas aquellas eternas despedidas de la gente que estaba de paso, y que había sido, que ya no sería hasta más ser. Aquella tristeza y desesperación.
En el fondo los seres humanos somos lo que somos definidos por lo que nos rodea, los nombres de persona, los nombres de ciudad, los nombres de los libros, de las películas, de los cuadros, el viaje azaroso de ellos y nosotros que entran en la interioridad del sentimiento.

2 comentarios:

Rosa dijo...

Bonitas palabras que emocionan y alcanzan en el interior por su certeza, atrapan el corazón.
En el recuerdo y en la nostalgia donde quedan inmortales las personas, grabadas en el alma acompañan nuestros pasos y no abandonan nuestros ligamentos ni tendones, reflejándose en el carácter, en las formas de moverse, hablar o actuar.
Es verdad que la compañía de los demás y nuestras experiencias con ellos nos marcan, se tatúan en nuestra piel.
Hermosos escritos que por su ardor y conmocion son de agradecer.

Nieves dijo...

Y no hay memoria más vívida que la memoria del cuerpo. Aquello que queda en el cuerpo, una cicatriz, las presencias de las personas, siempre está presente en nosotros, acompañándonos en el viaje de la vida. Es porque siempre lo vemos, porque siempre se nos hace presente, que lo recordamos.
Gracias