12 jun. 2007

Nawal Al-Saadawi


Desde el mes de marzo de este año 2007, Nawal Al-Saadawi, una de las grandes escritoras egipcias que encabezaba la lucha a favor de la igualdad de la mujer en el mundo islámico, ha tenido que ser exiliada tras ser expulsada de su país, en uno de los grandes actos de represión de la libertad de expresión que ha realizado Egipto.
Nawal Al-Saadawi, médica de estudios y de profesión, fue ya en 1972 expulsada de su cargo público en Egipto tras la publicación de Women and Sex, libro en el que realizaba una dura crítica al islam en la cuestión de la mujer y la sexualidad, atreviéndose a hablar de un tema que resultaba tabú hasta ese momento. De ahí surgirán una serie de publicaciones, desde el ensayo a la ficción, en las que va realizando una crítica dura y directa a las cuestiones que tienen que ver con la enfermedad, la mujer y el islam. En publicaciones tales como Health pone en duda la práctica de la circuncisión y de la ablación, en Two Women in One critica la práctica tan diferenciada entre los comportamientos que una mujer en un país islámico debe cargar consigo: la escisión tan radical entre el mundo interior y el exterior, entre lo privado y lo público o en The Fall of the Imam critica la figura del imam como aquella que reproduce, desde un punto de vista foucaultiano, todas estas cuestiones que tienen que ver con el poder, y son perpetradas en nombre del islam, como expresará más tarde en Memories from the Women's Prison, que escribió mientras estuvo durante un año en la cárcel, tras ser detenida en 1981 por ser peligrosa para el gobierno egipcio.
En 1993 fue juzgada por herejía por los grupos más fundamentalistas del islam, y fue condenada a muerte. Es por ello que en esa época Nawal se exilió en EEUU, enseñando en la Duke University.
En 1996 pudo regresar a su país de nuevo, del que ha tenido de nuevo que exiliarse tras el reciente juicio realizado por la universidad islamista Al-Azhar en la que se le acusa de apostasía.

Los actos y la vida de Nawal Al-Saadawi nos dicen dos cosas fundamentales: la primera, cuál es la situación de ausencia de libertad de expresión, uno de los derechos básicos fundamentales, en gran parte de los países del mundo. No sólo tienen por qué ser países islámicos, aunque la característica que suele fundamentar las políticas de estos países suele ser la de la represión de las libertades, entre ellas la libertad de expresión. Hay miles y tantos otros lugares donde carecemos de libertad de expresión, desde la Francia en estado de excepción de las crisis de la banlieu a finales del 2005 hasta las tantas dictaduras disfrazadas de democracia de países, por ejemplo, del África subsahariana, por no decir de la libertad de expresión de la que se carece en ciertos lugares, como la Maison de la Tunisie en la Cité Universitaire de París, por citar un ejemplo, en la que, a pesar de ser una residencia universitaria ubicada en el corazón de París, está prohibido acceder por internet a una serie de páginas de opinión política sobre Túnez, que son bloqueadas desde la red de origen.
En segundo lugar, la experiencia de Nawal Al-Saadawi nos enseña una actitud, un ejemplo ético de actuar en la vida, que es fiel a las ideas, y que lucha por hacerlas coincidir con un exterior por un mundo más justo, incluso a veces sacrificando el bienestar personal. La cuestión de la mujer en el mundo islámico es un acto vergonzoso de violación de las igualdades y derechos humanos fundamentales. En Yemen, por narrar una experiencia vivida, por ley están consideradas el 50% del hombre, en cuestión de herencias, pero también en cuestión de razonamiento o físico (parece que hubiese despertado Aristóteles de su tumba para decir cosas anacrónicas hoy día). Van tapadas totalmente con trajes negros en los que sólo aparecen sus ojos, no pueden entablar conversación alguna con los hombres que no sean de su familia, ni pueden viajar ni trabajar sin el consentimiento de la familia. ¿Es eso la justicia? ¿Es eso la libertad? ¿Es eso un cultivo de la libertad de expresión?
Apoyemos y luchemos por empresas como la de Nawal Al-Saadawi.

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