1 jun. 2007

La esencia del viaje


Hay bares e iniciativas maravillosos en la vida, tantos como personas maravillosas. En Murcia, una ciudad apenas conocida por la mayor parte del mundo, como cualquier pequeña ciudad que no sea capital ni protagonista de gran evento alguno, se pasan unas tardes inefables. Y no es por ser patriota ni local, y menos porque no hay que ser más que ciudadano del mundo, pero en Murcia, como en tantas otras ciudades pequeñas, se pasan tardes fantásticas con los amigos. No hay más que coger la bici, aunque no haya mucho espacio para la bici en la ciudad, y llegar al centro pedaleando bajo el sol, despacio, deprisa, según se sienta la mirada y según sean los personajes del día. Y entonces entrar al Zalaca. He visto muchos bares por partes del mundo, quizás las brasseries parisinas en las noches de entre semana podrían parecerse al Zalacaín, pero el ambiente tan distendido de este Zalaca no puede igualarse. Siempre hay lugar para alguna sorpresa, un concierto cubano, la presentación de algún libro, conversaciones en idiomas que ni siquiera uno sabía que hablaba. No puede haber tarde triste y solitaria en ese bar, incluso uno puede navegar conectándose a la red Wireless de los vecinos de la zona con el portátil de alguno.

Este martes, para celebrar el día, uno de los días tan maravillosos que ofrece cada día la vida, abrimos la puerta de madera para entrar, y allí estaba, "La esencia del viaje", el número 6 de la revista Antaria. Esta revista, dirigida por Emma Pérez Coquillat, y en la que participaron múltiples poetas, pintores, fotógrafos, es uno de los tesoros que la cultura ofrece también cada día. En ella se pincelan, ya sea con la metáfora, con un trazo, con la presentación de las vistas desde Munich a Mozambique, o con la diversidad de los temas ofrecidos, los caminos de la reflexión del lector para entender cuál es "su esencia del viaje". Allí estaban todos, algunos, desde el diseñador hasta el jefe de la imprenta en la que se tiraron los ejemplares, pasando por los que participaron en la revista. Y no sólo porque quisiéramos bebernos una copa y comernos los canapés que ofrecía el evento (perfectamente podríamos haber ido a cualquier otro), sino porque en ese estar del momento se iba deviniendo el interior a su forma de entender esa esencia del viaje. Y así les relato hoy la que yo viví aquel día. No fue un evento solamente a reseñar, sino que se convirtió él mismo en una forma de viaje, que tiene que ver con la forma personal de entender el viaje: humano, social, compartido y revolucionario. Así me lo enseñaron los dos grandes amigos que me ofrecieron hacer el viaje de aquella tarde. Les invito a pensar, leyendo la revista o sin leerla, cuál es su forma de entenderlo con el pequeño gps filosófica de la vida.

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