25 feb. 2010

Fragmentos romanos XLIV


Ausencia

Ahora la vida es resaca. Prolongada, intensa, íntima, salvaje. Un reloj estático en el lugar equivocado. A bien podría haberse congelado cuando descansaba en tu pecho. O quizás cuando jugábamos a la peonza sobre colchas de arena. Aquí estoy. Entre líneas fragmentarias, lecturas de tu recuerdo, verbos ácidos de ausencia. Allí te hallas. Caminando hacia el trabajo sobre un bastón de cera. Nos mordimos de tristeza. Déjame ver un diente afilado por el recuerdo de la ausencia. Como un flamenco te arrullaré en las salinas de Santa Pola, tratando de cazar el sol en tu pelo, justo antes de que escape vorazmente tras el horizonte.

5 comentarios:

Ana Belén Moreno dijo...

Ay! Me emocionas... Todos añoramos algo o a alguien siempre. Hay personas que nos dejan su huella marcada con fuego. Su ausencia, insoportable en un primer momento se convierte el pliegue cerebral.

Nieves Soriano Nieto dijo...

Esa ausencia se hace más intensamente física conforme pasa el tiempo...

Ana Belén Moreno dijo...

¿Física? Permíteme disentir porque si existe el alma, es ahí donde se agarran esos sentimientos. Las sensaciones se van borrando o confundiéndose por otras parecidas.

Nieves Soriano Nieto dijo...

Estoy de acuerdo en que no es sólo físicamente donde se nota la ausencia. Pero la ausencia física es terriblemente voraz. Permíteme decir que a veces echamos de menos caricias, abrazos, gestos físicos de personas, y son insustituíbles.

Ana Belén Moreno dijo...

Sí, es verdad que echamos en falta las caricias o simplemente la presencia pero es que yo estaba pensando en una ausencia antigua. En realidad estamos de acuerdo mon ami :)