4 feb. 2010

Fragmentos romanos XXXIII


El kimono de KimuraSan


Caminaba sigilosamente en sueños. Las fatigas de Hércules llevaron a un buen puerto (Dormir en Roma). Tales pruebas iniciáticas derraman ternura. Profundamente el viajero brinda la verdad humana de este corazón. De él salía luz sin muerte, sonrisas de dirección única. No existe imagen capaz de reflejar algunas vivencias. Pobre combinación de las posibilidades cerebrales humanas. Los sueños se tornan sensaciones extremas. Algo salía de mi pecho. Un lacito morado. Alcancé a seguirlo. Lo enrollaba en mi cuerpo mientras corría hasta su fin. Acabaría siendo madeja humana, kimono de KimuraSan. Ahí estabas, tumbada en el Campo di Marzio. En tu corazón habitaba el otro extremo del lacito morado. Quién sabe si te acercó a mí, o me acercó a ti. Te puse una flor en el pelo que luego comí a bocados. Me diste un beso sin morderme. Me tiré a la piscina de tu corazón. Caliente sangre la de tu sexo. Caliente sangre la de tu sexo.

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