7 feb. 2010

Sidi Larbi Cherkaoui. Orbo Novo


Ayer se estrenó en Italia la coreografía Orbo Novo de Sidi Larbi Cherkaoui con el Cedar Lake Contemporary Ballet. En base a la obra La scoperta del giardino della mente de Jill Bolte Taylor, se realiza una reflexión corporal a partir del sentimiento de una persona que sufre un ictus cerebral.
Seguimos anclados en el dualismo de la filosofía. Desde Platón, no hemos podido evitar pensar la naturaleza y el ser humano como entes que poseen dos partes: ideas y materia, como si las ideas no fuesen materiales, o la materia no la conociésemos a través de las ideas; potencia y acto, como si el acto no fuese potencial o la potencia no nos llevase a actuar de manera directa; esencia y atributos, como si a lo esencial no perteneciesen los atributos de un ser; razón y sentimientos, como si los sentimientos no tuviesen racionalidad, o la razón no fuese sentimental; el yo y el otro, como si pudiésemos ser individuos que no viven anclados en una sociedad normativa; el bien y el mal, como si en cada acto de bondad no se hiciese daño a alguien, Además, ha sido la opción la de atravesar el dualismo con la consideración de que tan sólo la verdad está en una de las dos partes, debiéndose renunciar, reprimir o desnaturalizar la otra.
Ahora, nace de la reflexión de esta obra, se torna dual el propio cerebro. Los hemisferios se separan en funciones, siendo el racional el izquierdo, e irracional el derecho. Se considera la naturaleza de las personas en base al hemisferio del que hacen más uso. Como si fuese disociable el yo.
Pobre tarea filosófica en nuestra historia. Olvidó que el dualismo pertenece sólo al ímpetu que tranquiliza un deseo de conocimiento contentado con categorías simples. Olvidó la zona de sombra, las fronteras en las que, decía Blumenberg, crecieron los jardines de la monstruosidad y el Romanticismo.
Seamos un poco más estoicos con nuestro conocimiento, please.

2 comentarios:

Ana Cuéllar dijo...

Estoy de acuerdo contigo en que la mayoría sigue anclada en el dualismo. Y así va: fragmentada, disociada, confundida y desvitalizada. Pero da mucho juego, ese rollo enrollado que es el dilema que te planteas.
A mi no me satisface. Es una mirada superficial de la realidad y por lo tanto incompleta que por eso mismo adolece de verdad verdadera, valga la redundancia. Para salir de ese callejón sin salida, el que quiera desde luego,
hay que tener perspectiva, desmarcarse y elevarse ( como cuando subes al pico de una montaña) y eso sólo puede hacerse desde la calma, el silencio y mirar con valentía. Veremos la realidad con más objetividad y las sombras y la emocionalidad que habitan el cuerpo sede del yo se disolverán. Seremos entonces profundos, verdaderos y totales...
Adiós dualidad!!!

Nieves Soriano Nieto dijo...

Estaría bien coger otras tradiciones filosóficas para entender que el dualismo no refleja una verdad, simplemente un modo de verla, bastante limitado, por cierto. ¡Adiós dualidad, Ana!