11 dic. 2010

Fragmentos digeridos LIX


Me creí vestida cuando llevaba el culo al aire

La edad no es más que la posibilidad de afianzar bien una máscara. Ella ha sido perfeccionada con las experiencias. Cual miniaturistas turcos en la época de Mehmet II, pintamos cada pequeño detalle. Así, hasta que la máscara sirve al fin para moverse por espacios de forma repetitiva. Eso es la madurez. Saber cómo abarcar un pequeño trozo de lo inabarcable de forma repetitiva.
Sin embargo, ocurre que en ocasiones llegan a la biografía hechos y seres cuya forma de actuar quiebra la máscara desde el comienzo. Como torbellinos de fuego inesperado, cual fenómenos naturales de inmensa fuerza, te vuelven a dejar desnudo y mudo ante el mundo. Y entonces buscas desesperado una caja en la que guardarte y un lenguaje en el que expresarte. Vano intento. Taparse ya es no hacer constantemente visible lo que ya ha sido observado.
Bienaventuradas las cosas que ponen en cuestión la estructúra ósea de la personalidad y el pensamiento.

2 comentarios:

florecejonia dijo...

Bienvenidas!

Nieves Soriano Nieto dijo...

Bienvenidas sean, Willkommen, Bienvenues, Welcome, y de ahí al Cabaret El Plata, por ejemplo. Besu.