19 ene. 2011

"El infinito viajar y la verdadera vida". Seminario. Academia de España en Roma. 29 abril 2011


El día 29 de abril 2011 tendrá lugar en la Academia de España en Roma el seminario El infinito viajar y la verdadera vida. Entre los conferenciantes, participará una servidora junto a Feliciano Novoa Portela, (Doctor en Historia Medieval), Javier Villalba Ruíz de Toledo (Profesor de Historia Medieval. Universidad Autónoma de Madrid), Joaquín Córdoba Zoilo (Profesor de Historia Antigua. Universidad Autónoma de Madrid), Manuel Arias Martínez (Subdirector del Museo Nacional Colegio de San Gregorio. Valladolid), Andrés Úbeda de los Cobos (Conservador de pintura italiana. Museo del Prado), Idoia Arbillaga (Doctora en Literatura Comparada) y Ana Suárez Huerta (Doctora en Historia del Arte).


Aquí les dejo el resumen de mi intervención. Les invito a asistir.


El viaje a Oriente en el Romanticismo


Si un día se levantasen y observasen que el universo de su cultura, que los valores de su educación, que el contexto de su Historia quedan disueltos por la crisis, una tremenda sed les recorrería. Probablemente buscarían unos nuevos cimientos, caminarían sus pasos hacia la orilla del mar, y, afrontando la posibilidad del mal de mar, en un velero, buscarían surcar el océano al encuentro de aquel lugar utópico que hubiese creado el pensamiento, el arte o la literatura de su época.

La Atlántida platónica, Utopía de Tomás Moro o la Ciudad del Sol de Campanella podrían ser cualquiera de sus destinos.

Sin embargo, si ese día se levantasen y viviesen en el contexto heredero del pensamiento de la Ilustración en Europa, y hubiesen visto cómo los valores de la Razón decaían bajo el yugo de la guillotina en el ámbito de lo político, mirarían hacia Oriente, porque en Oriente había sido proyectada la utopía en el imaginario de la época.

Tal fue la sed de un Romántico. Una negativa desde la revolución a la racionalidad que en su sueño produce monstruos, para imponer a ella la ley del corazón que proyecta, desde el deseo, las nuevas posibilidades para el futuro próximo. Ustedes podrían ser el Eugène Delacroix en España, Marruecos o Argelia o el Gustave Flaubert de Egipto, Turquía y Siria. Lo que probablemente es cierto es que decidirían habitar la frontera como viajeros y optarían, como bien decía Franz Kafka en su Diario, por declararse bajo su conciencia jefes apaches de sí mismos.

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