3 ene. 2011

Fragmentos digeridos LXXVI


¿Ensueñan los primates?

Hablemos del proceso de hominización. Siempre se nos narrará la historia del aumento de la capacidad craneal, el desarrollo de la capacidad simbólica, la técnica, el lenguaje humano, la sociedad especializada... Y se nos dirá que éstos son los cambios que han llevado al ser humano a sobrevivir.
Efectivamente, una filósofa, como una servidora, cuando trata de enseñar tales caminos de la antropología, desde los diferentes autores, a sus alumnos, tal es el relato que utiliza.
Sin embargo, puede suceder, como ocurre a esta servidora, que cuando uno alude a tales palabras acabe por plantearse la misma pregunta: ¿LOS MONOS ENSUEÑAN?
La ensoñación es también una capacidad de proyección, como lo es la capacidad simbólica, la técnica o el lenguaje humano. En este caso es la proyección de una realidad no presente -deseo- en una realidad presente -aquí y ahora-. ¿Por qué sucede tal hecho? Porque en ese momento la realidad presente no place al ser humano, es más, incluso puede estar siendo dolorosa, y decide, con la imaginación, crear otra paralela.
Esa capacidad de ensoñación, como capacidad de proyección, no creo que los primates la posean -al menos no conozco ningún estudio al respecto-, por más gestos de pensativos y abstraídos que puedan conseguir.
Y mucho me temo que responder a esa pregunta pueda ser el origen de una crítica a los valores fundamentales de la sociedad que nos rodea.
La cuestión fundamental es la siguiente. Si todos ensoñamos, como todos somos capaces de lenguaje, de crear la técnica, de socializar, ¿por qué cuando se nos narra el proceso de hominización se nos obvia nombrar la capacidad de ensoñación del ser humano? ¿Por qué ni Marvin Harris, ni Lévi-Strauss, ni antropólogo alguno ha dado cabida a esa capacidad propia del ser humano?
Es más, ¿por qué sólo se nos habla de tal cuestión cuando estamos inmersos en la disciplina de la Psicología, en el tema de la conciencia, y cuando hablamos de la frontera entre la conciencia y el inconsciente?
La cuestión no es meramente casual. Todos pasamos por encima de ello, como una servidora lo hace cuando explica, porque reproducimos los parámetros heredados, ya que en el fondo no hay una consideración cultural de la capacidad de ensoñación como una ventaja que ha llevado a la supervivencia -como ocurre con el resto de capacidades citadas-. Es más, se la ha venido tratando como una especie de patología menor que, cualquiera que vaya al psicólogo con cierta capacidad imaginativa y de proyección, habrá visto que se le tratará de paliar.
Ahora bien, cuando se llega ya a un determinado punto del camino de la vida, vivimos inmersos de realidad. Sin embargo, el ser humano no es un ser totalmente real en el sentido de que todo lo que hemos creado a nuestro alrededor no está adaptado a lo que en su totalidad el ser humano es. Al ser humano le gusta también reír, jugar, que le hagan cosquillas, meterse en guaridas, embarrarse en el fango, dar lametazos de cariño a sus vecinos, correr detrás de una pelota... Pero, en esta realidad que hemos creado ordenada de esta forma para sobrevivir, los espacios y tiempos para dedicar a la naturaleza de animalejos que tenemos están acotados.
¿Acaso podemos pensar que podríamos sobrevivir al medio que nosotros mismos hemos venido construyendo si no fuese por la capacidad de ensoñación? ¿No será más bien la capacidad de ensoñación una ventaja evolutiva para la supervivencia, en vez de una patología menor? ¿Creen realmente ustedes que podrían seguir viviendo tranquilamente sus vidas cotidianas si no soñasen despiertos al menos durante un pequeño espacio de tiempo al día algo?
En el fondo, considerar la capacidad de ensoñación desde la negatividad es como tratar de apaciguar desde la culpa las capacidades instintivas. Si seguimos la filosofía de Michel Foucault, es una forma de control impersonal creado por los miembros que tienen el poder en una cultura, para ejercerla sobre el resto de los miembros, asegurando su poder futuro.
Así pues, si ustedes hoy se levantan y desean reivindicar algo al respecto, abran un hueco privilegiado a la ensoñación en su vida cotidiana. En ocasiones, es la única forma de supervivencia.
Ya la mitología griega hablaba de la Edad Dorada, Platón habló de la Atlántida o Tomás Moro de Utopía. Ese no lugar que sirve para hacer más llevadero este lugar que navegamos.

2 comentarios:

Maxi dijo...

Somos capaces de visualizarnos a nosotros mismos en otro tiempo y lugar, con lo que podemos proyectarnos virtualmente en el futuro. Pero esta capacidad no está soportada nítidamente sobre un discurso de lógica lineal, sobre una abstracción metodológica impoluta... hay mucho ruido. El ruido de cada vida concreta y las huellas impresionistas de nuestra propia historia particular; arrastramos una especie de poesía surrealista interna que como una suerte de ADN autofabricado nos hace crecer y creer como un árbol que moldea su cuerpo con las heridas de su pasado.
Somos mágicos y no podemos llegar a conocernos del todo.

Maxi

Nieves Soriano Nieto dijo...

Gracias, Maxi, por tus de nuevo generosas palabras. ese surrealista ADN poético cuántas volutas hace crecer... Abrazos.