23 ene. 2011

Impresiones sensitivas en torno al óleo

Foto: F. Valero
En la foto, de izquierda a derecha
Santiago Morilla, Nieves Soriano Nieto y Avelino Sala

Impresiones sensitivas en torno al óleo

Respuesta a preguntas de una anósmica
El óleo es pura materia con posibilidades, lleno de aceite, que cambia al mezclarse dando lugar a matices inesperados.

Pintar en óleo brinda una sensación más oral que olfativa. Es atractiva su densidad. Si no se supiera a priori que es tan venenoso, el impulso sería comerse el óleo, lamer el cuadro.

Es grato pintar en un lugar calentito, con el mínimo de ropa, y sentir cómo los gotazos caen en la piel. Casi como una forma de reconciliación con la naturaleza más primitiva.
Así, en ello influye el tipo de pincel. Hay pinceles que se usan para bailar el óleo, otros que se utilizan para dar música de percusión al óleo.

Si hablamos del perfume, cada color tiene un matiz de perfume diferente. Quizás también por eso se pueden asociar colores a rostros. Por ejemplo, aunque un rostro nunca pueda ser de ese color en la naturaleza, se puede pintar la piel del color del melocotón, porque el perfume del óleo se asocia al perfume de una piel.
El perfume de cada color se mezcla con el perfume del disolvente. El aguarrás tiene un olor demasiado intenso, poderoso, violento, lo invade todo. Anula el perfume en sí del óleo. Es como cuando a una comida se le echa mucho cardamomo o cayena. Al final sabe a cardamomo o cayena solamente, siendo indiferente el sabor de los demás ingredientes.

Existe, sin embargo, un disolvente de tintas de imprenta que, teniendo perfume, éste es mucho más tierno, más delicado, menos invasivo, más neutro o respetuoso. Así, deja espacio para que el perfume de cada color pueda expresar su personalidad.

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