18 may. 2014

Caballos


Si hay un animal que me guste especialmente es el caballo y sus derivados. Me gustan porque son muy sensitivos, muy emocionales. De hecho, se utilizan en terapia para estimular y sensibilizar las emociones para quien las tiene bloqueadas. Lo que más me gusta de ellos es eso, que enseguida establecen una conexión emocional contigo. Desde el primer momento, en el primer minuto, puedes sentir si os vais a entender o no. A partir de ahí, comienza a dejarse montar por ti. Y entonces comienza el juego de pulsos. Establecen la danza de la rebeldía, intentan ponerse a comer, dirigirse hacia donde no les dices. Es ahí donde cabe ser asertivo con ellos, siempre tratándolos con cariño, y no ser excesivamente mandones -porque se rebelan más-. En este punto es importante nunca hacerles daño con tus directrices, porque si pierden la confianza, no la vuelves a recuperar. Una vez que les convences con tu asertividad, son capaces de llevarte, si te dejas, a lugares de lo más recóndito, y dejarse llevar por ti a lugares deseados. Entonces, sólo entonces, logras hacerlos galopar. Curioso que sólo galopan cuando se ha establecido esa confianza. Ojalá Minerva llegue a amarlos tanto como yo.

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