13 may. 2014

Fragmentos mamíferos XVII



Budismo et altri

Hablando el lunes en clase de filosofía sobre el budismo, me preguntaba un alumno si en caso de que esta vida fuese perenne, no seguiría el ser humano con el malestar. El malestar entonces no sería la caducidad de la vida, sino la condición de eternidad.
Me dio que pensar, la verdad. Creo, como afirma el budismo, que el malestar del ser humano es la caducidad de la vida. Y como se pretende hacer todo en un tiempo limitado, pues brota lo que en valenciano llaman desfici, cuya traducción no sé al castellano. 
Llegando a casa en la bici comencé a preguntarme si realmente merecería la pena una vida eterna. Y pienso que sí. Si yo tuviese una vida eterna, podría plantearme el deseo de una forma más calmada. Visitaría tranquilamente todas las ciudades del mundo, los planetas, leería todos los libros, aprendería todos los idiomas, dedicaría infinito tiempo a todas las personas que me hacen brotar latido... Y entonces me vino la pregunta de si ese todo se acabaría y algún día realmente no tendría nada más que hacer y desearía morirme. Y, es curioso, las cosas son finitas en número, pero infinitas en número en el tiempo, me respondí. Quiero decir, si pudiéramos contar todas las cosas del mundo, podríamos hacerlo con un número finito, pero como con el tiempo brotan nuevas cosas, se crean, entonces se tornan infinitas. A no ser que yo acelerara el tiempo de mi vida más rápido que el de creación de cosas, podría ir conociendo poco a poco cada cosa nueva que surja. 
¡Qué maravilla! ¡Sí! Yo desearía tener una vida eterna.
Pero como no la tenemos. ¿Qué hacemos? ¿Vivir en el constante desfici? ¿Darnos a la vida retirada y a la meditación para desligarnos del dolor del desfici? ¡Qué complicado! Realmente, es terrible vivir en el constante desfici. Es más, viviendo así el cuerpo no aguantaría, cuando menos el corazón. Pero ¿vivir en la meditación constante para alcanzar el vacío, la nada? Es decir, ¿vivir sin vivir? Tampoco me convence del todo, la verdad, porque si estoy en esta vida y esta vida es así, yo quiero vivirla como es, no anulándome para vivirla como no es. Y es que el dolor también forma parte de la experiencia humana. ¿Cómo desligarme de él? ¿Cómo negar una parte de lo que soy? ¿Cómo verlo desde fuera como si fuese un espectador disociado de mí mismo? En realidad, lo ideal desde mi punto de vista es vivir lo cotidiano de latidos y pararse algún momento del día a disociarse para verse desde fuera o no ser uno mismo, sino ser nada. Y, sobre todo, dejarse sentir, dejarse vivir a uno mismo con lo que sea y sienta: dolor, alegría, placer o lo que sea.

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