17 nov. 2009

Variaciones Bichito



A
lgunas veces el Bichito se siente engullido por un agujero muy hondo, tanto que duda de la forma de sus venas. Cuando no las siente latir con ninguno de sus dedos (ni siquiera con el corazón) el Bichito coge un rotulador grueso, azul, y dibuja el recorrido por encima de la piel para ver lo que no toca. Es así como las venas del Bichito han aprendido a trenzarse por su cuerpo, unas por encima, otras por debajo. Como las ramas de un rosal que busca desesperadamente el sol.

Cuando llega a la punta de sus dedos, el rotulador sigue su camino, veloz hacia el infinito, persistente en su trayectoria hacia el cielo que late con fuerza y devuelve el ritmo perdido con sacudidas de luz. A veces, el Bichito sale así, a borbotones, del agujero. Inspira, expira, sacude la cabeza, se concentra un poco en pensar en una estrella y se aleja con el viento enredado en el pelo.


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Algunas veces el Bichito se siente engullido por un agujero muy hondo, tanto que duda de la forma de sus venas. Y en la tarde con su dedito corazón del pie causalmente pulsa una tecla del ordenador. Ésta casualmente conduce al Media Player. El Bichito desea con fuerza escuchar música de instrumentos de cuerda rasgada porque proceden de su latido. Abre los ojos para poder ver sus pelillos erizados de tanto pensar, y siente y siente ese ritmo perdido que dibujó en sus venas. Allí suena la viola o un celo. El Bichito es todo latido. La música de instrumentos de cuerda rasgada procede de su corazón. Es en música que él siente. Sin embargo, a veces, entre pelillos erizados de tanto pensar no se da cuenta de ello. Pero aquella tarde en la que su dedito corazón del pie causalmente pulsó la tecla del ordenador, el Bichito se puso a cantar con la fuerza de la libertad, y logró alcanzar la estrella de su pensamiento con la que se enredaba su pelo.

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