9 jun. 2011

Fragmentos luminosos ILXII


Dejarse habitar

Siempre pensé que, para establecer una relación sana con el espacio, uno debe hacerse del lugar que habita, manteniendo su estilo personal, pero hacerse del lugar que habita. Es decir, acabar por no imponer a la geografía unos parámetros a priori de comportamiento o de pensamiento. O, lo que es lo mismo, no sólo habitar, sino también dejarse habitar.
Quizás una buena forma de hacerse del lugar es recorrer con el mejor calzado día tras día las calles. Salir, observar a los lugareños, dialogar con esos viejitos de las plazas centrales, conversar con los pescateros del mercado, y, sobre todo, encontrarse con esos vecinos y compañeros que aparecen poco a poco, por sorpresa y que son maravillosos.

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