24 jun. 2011

A Julia S. N.



Hoy es el cumpleaños de mi hermana Julia. Nunca podría decir con palabras todo lo que siento por ella, porque los sentimientos son inenarrables, e incluso inefables.
Pero ahí vamos. Cuando yo tenía 16 meses, Julia vino al mundo. Una niña, como yo, casi de mi misma altura, que pretendía vivir en mi territorio y quitarme atención de los padres.
Así pues, en múltiples ocasiones intenté que eso no sucediera, pero sucedió en el corazón sin que fuese algo impuesto. Ahí estaba. Y aunque a veces le pegaba algún que otro arañazo, la sobornaba haciendo uso de mi mayor madurez mental -a esas edades se nota mucho- y la lanzaba con el tacataca por toda la casa, ahí estaba. La quería. Es más, acabé dándome cuenta de que la quería con locura. Tanto que, desde la mentalidad de niña, acabé renunciando a la mitad de mi protagonismo para dárselo a ella. Eso era como darle la mitad de mi vida.
Y así ha sido desde entonces. A ella he dado la mitad de mi vida y mis preocupaciones. Porque gracias a ella aprendí de las responsabilidades. Y nos hicimos adolescentes. Y totalmente contrarias en personalidades. Casi como complementarias. Lo que a ella le sobra a mí me falta, y viceversa. Cuando ella venía, yo iba, y viceversa.
Así hasta el día de hoy, en el que, además, en breve va a ser mamá. 
He amado a una persona en mi vida, y mucho. Sin embargo, creo que el amor que puedo profesar por Julia, y ahora también por Minerva, va mucho más allá de lo posible dentro de las relaciones sentimentales al uso. 
Gracias por haber nacido. Eres el mayor regalo que me pudo hacer la vida.

2 comentarios:

Maxi dijo...

Es dificil leer con los ojos húmedos, y menos escribir, así es que ahí va un beso.

Nieves Soriano Nieto dijo...

Gracias, Papi. Un besito grande de la dialéctica guerrera frágil.