16 jun. 2011

Fragmentos luminosos ILXVIII


La vida como tren regional

No hace falta quemar la vida como arde un bosque seco en un hastío de verano. Ni vivir enganchado a la adrenalina a cada instante para evitar sentir el cansancio. Ni ser un rayo hiperactivo que trata de luchar contra la conciencia de muerte. 
Sin embargo, sólo hay una vida. No la agoten hoy, pero no dejen que se les escapen los trenes realmente importantes. Desde mi modesto punto de vista, éstos no son los que llevan el nombre de un destino prometeico o paradisíaco, sino los trenes regionales que paisajean los hitos del camino. Esas pequeñas utopías revolucionarias que hacen que al menos durante unos instantes del día todo lo demás acabe teniendo un sentido.

2 comentarios:

Maxi dijo...

Efectivamente, se trata de un equilibrio de miradas: Que los árboles nos dejen ver el bosque, pero que el bosque también nos deje ver los árboles.

Maxi

Nieves Soriano Nieto dijo...

El equilibro, papi, el término medio en el que según Aristóteles se encontraba la virtud. La edad nos hace aprehenderlo. Espero que acabemos conociéndolo antes del día de nuestra muerte. Un besito de hojitas de bonsai.