10 jun. 2011

Fragmentos luminosos ILXIII


El cerezo y la entrega

Dentro del código samurai, uno de los principios es el de aceptar la vida como efímera. Lo efímero, Hakanai, se asocia a diversos objetos. Los fuegos artificiales, o flores de fuego en japonés, son efímeras. De hecho, cuando un japonés los observa arder musita en voz baja "Hakanai". Y ése es uno de los momentos de mayor verdad humana en el día.
Pero también, y fundamentalmente, lo efímero en la cultura japonesa viene marcada por el tiempo de vida de las flores del cerezo (Sakura). La flor del cerezo, de hecho, se convirtió en el símbolo del samurai porque representa tal ética de la vida efímera. Durante dos semanas el país queda adornado de las flores de ese árbol que durante todo el invierno pasa desapercibido, sin hojas, y con un carácter raquítico. Flores bellísimas pero inmensamente frágiles. Una pequeña brisa las hace caer en abundancia.
La vida se asocia a esas dos semanas de las flores del cerezo. De hecho, existe una celebración por lo efímero que se llama "Hanami" (Observación de flores) durante esa primavera exaltada.
Que la vida sea efímera no quiere decir para un samurai que deba ser vivida agotando cada instante como quien se fuma un cigarrillo, porque tal cuestión sería llenar lo efímero de situaciones más efímeras.
Ni tampoco hacer, según la ética kantiana puramente europea, como si no fuera efímera, porque se llenaría de un tiempo excesivamente lento, en el que no se podría vivir la vida humana, porque negaríamos su carácter de efímera.
Pero sí se puede llenar lo efímero de cosas por las que merezca la pena entregarse y dejarse entregar plenamente -para un samurai sería el nombre del señor por el que luchan-. Cada cual encuentra las suyas. Algunos en el amor, otros en la paternidad, otros en el trabajo, otros en la lucha por causas sociales o ideas, etc.
Pero a fin de cuentas todo forma parte de una misma actitud. Es la aceptación de que estamos entregados a lo efímero, y de que la entrega y la apertura a la entrega de otros es quizás una sana forma de aceptar el carácter de esta existencia.

2 comentarios:

Pilar Turiso dijo...

Todos los días observamos lo efímero de las cosas, pero solo de vez en cuando relexionamos sobre lo efímero de nuestras vidas.

Nieves Soriano Nieto dijo...

Sí, Pilar, estoy de acuerdo contigo. E incluso quizás si pensáramos más en lo efímero de nuestras vidas, amaríamos con mayor entrega, o recordaríamos más a menudo qué es entregarse.
Me encantaron las flores del cerezo.