23 jun. 2011

Joaquín Pérez Azaústre


Joaquín Pérez Azaústre, recientemente conocido poeta, abre el mundo a las fascinaciones reflexivas. Quizás porque, como abrazaba la filósofa María Zambrano, siempre van unidas la filosofía y la poesía, el pensamiento y el sentimiento. Aquí les dejo un gran poema. "Sacúdanse los muertos de su vida" y déjense "viajar hasta las tierras perdidas del gran río". Sin saberlo y programarlo, allí llegan a encontrarse. 

ENTIERRO

Sacúdete los muertos de tu vida.

Enterraste un buen día a tu gran muerto.
Brindásteis antes con las copas de oro
por las antiguas fotos de aquel aroma azul.

Después dijiste adiós,
eres sin duda.

Descubres sin quererlo ese perfume.
Su cabello de espuma
vuelve ciega a la noche y la despide.
Las cascadas de miel de abejas reinas
confluyen en la cima de tu vientre:
son los muertos reptantes que te acechan,
que puedes encontrarte en cada esquina.
Sus ojos son los ojos de otras noches,
te miran como al hombre al que vencieron,
querrán de nuevo recobrar tu llama,
de nuevo ese collar tan delicado.

Los muertos no se esconden tras el sol.
Te siguen como un viento en las aceras,
aparecen y rondan tu camino
de bronce como un tren que se adormece.

Sólo quieres jugar con el paisaje
como pechos desnudos que se escapan.

Por eso, amigo mío, no sucumbas.
Sacúdete los muertos de tu vida
y viaja hasta las tierras perdidas del gran río.

El vino sellará mejor cauce.
Acabas de nacer, sé bienvenido.

Perteneciente a Delta (Visor, 2004)

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