19 jun. 2011

Fragmentos luminosos L


Bondad o maldad natural

En el trasfondo, más allá de todas las máscaras de personalidad posibles, y de la variación y variedad humana, estoy convencida de que podríamos decir que sólo existen dos tipos de personas: las buenas y las malas personas.

Definiría como "buena persona" a aquélla que es capaz de hacerse el bien a sí misma, de apreciarse, valorarse -de una forma global, sabiendo sus puntos positivos y sus limitaciones- y amarse con todo lo suficiente como para poder llegar a apreciar, valorar y amar de forma plena al otro.
Y "mala persona" lo contrario, pues. Es decir, esa persona que se odia tanto a sí misma o que se ama en exceso que no es capaz de proyectar amor sobre los demás -porque en suma los hace copartícipes o cómplices de su odio o idolatría personales-.

Cuando alguien nuevo aparece en el camino de la biografía -hablamos de todo tipo de relaciones, bien sea de amistad, de amor, de maestro-alumno, etc.-, a ciertas alturas de la vida lo mejor, antes de continuar el camino del mútuo conocimiento, es asegurarse de si esa persona es buena o mala persona, porque eso es lo que va a condicionar toda la relación. 
Desde mi punto de vista, la mejor forma de asegurarse no es escuchar lo que el otro dice de sí mismo de forma racional, pausada o meditada. En este caso podría estar utilizando el imperativo categórico kantiano, que habita en ese ámbito de la Razón, y que deja de lado las emociones, por lo que para este caso no sirve. La bondad o maldad se ve en los actos que requieren una respuesta rápida e impulsiva, en suma, emocional, porque en ellos se responde según nuestra naturaleza más profunda, que es donde se guarda la bondad o maldad -algo parecido a cuando conducimos, los hay que insultan a todo el que pasa, y los hay que se cargan de paciencia-. Para ello tendríamos que hacer uso del emotivismo moral propuesto por Hume.
Así, por ejemplo, poner al otro en una situación en la que se le abre el corazón de lleno con las fragilidades y de forma sincera requiere una respuesta rápida e impulsiva. Y existen dos tipos posibles. Los hay que al verlo abierto y frágil se asustan y lo "acuchillan" con respuestas de violencia contenida. Y los hay que al verlo en tales condiciones se acercan y lo abrazan, arrullan y miman. 
Huyan de los primeros, no merece la pena. Nunca podrán establecer con ellos relaciones sanas del tipo que sea. Y acérquense a los segundos, también llamados mamíferos, porque con ellos existirá la protección y el amor mútuo sean cuales sean las circunstancias del camino.

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