1 dic. 2009

Fragmentos romanos XI


Tu silencio

¿Recuerdas cuando jugábamos a hacernos cosquillas con los piececitos en el sofá? ¿Y cuando nos abrigábamos con el frío ilicitano debajo de una manta para pasar la tarde leyendo? Se tostaba la luz de la tarde. Encendíamos la luz de la noche. Vomitábamos pajaritas de papel y estábamos un poquito más cerca, un poquito más, sin darnos cuenta.
Corriste aquel día. Un gesto tuyo dijo tanto. Enmudecías en palabras cuando mi ser se deshacía en tristeza. Ciega hacedora de infartos fui. Ahí estabas. Mirándome en la puerta del bar. Llovía y tu coche se veía en gris plata. Abrí la puerta. Aquel día no me puse el cinturón de seguridad. Bebí el último Campari que me quedaba y recorrimos tantos kilómetros. En silencio. Bello silencio tuyo. Te miré los ojos curiosos. Sentí dentro el camino. Aquél fue el pacto más verdadero y ético que nunca he hecho. Héme aquí, periplo romano, pensando en ti mientras camino el Viale delle Belle Arti.

2 comentarios:

Miguel Ángel Curiel dijo...

Querida Nieves

resistamos, resistencia en la escritura, como la tuya, que está tocada por la belleza y la locura y la libertad: tus fragmentos romanos son en verdad el trabajo que debería pedirse a cualquier persona que alunice aquí: tan dignos y tan grandes: todo creación: un día me hablaste de Virginia Wolf, te has reencarnado en ella, que escribía como los ángeles.

Nieves Soriano Nieto dijo...

Mil gracias, Miguel Ángel. Que un maestro en la escritura como tú me refiera estas palabras me llena de emoción. Besos.