14 dic. 2009

Fragmentos romanos XVI

El dátil de tus muelas

E
l pajarito enjaulado no pudo abrir su único ojo legañoso. Soñaba contigo. Pensó en la magia de los sueños que te traen recorriendo tantos kilómetros. De nuevo un silencio, tu silencio. Sin abrir el ojo pudo levantar la persiana. El jardín romano seguía ahí, donde el granado realizó su genuflexión ante el invierno. Donde el naranjo todavía lucha con frutos venciendo las nubes grises. En breve sería el faro de Santa Pola reflejo en sus ojos, o quizás un parque lineal poblado de patines del recuerdo. Al pajarito enjaulado le importaban las palabras, pero amaba más la virtuosidad de tu silencio interrumpido con algún susurro frente al puerto.
Roma al observarte, único ojo monstruoso, le hizo comprender qué significa amar de una forma adulta. Sin torturas, sin grandes éxitos. Sin psicologías ni celos ni egoísmos. Como la vida, amar es un pacto ante el espejo.
El pajarito enjaulado vive en una jaula en llamas. Plantó un dátil. Ahora éste habita en tus muelas. Un estornino rompió un huevo en tu boca.

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